Los muertos y las visitas a los tres días apestan.
A días claros, oscuros nublados.
Por San Pedro, cada pastor con su rebañuelo.
Buscar aguja en un pajar, es naufragar.
Casa y potro, que lo haga otro.
No hay primera sin segunda
Las gallinas de arriba cagan a las de abajo.
Al hablar como al guisar, su granito de sal.
La mala oveja se ensucia en la colodra.
Si no hubiera cabras, no habría cabritos.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
De aquellas chanzas vienen estas danzas.
Bien sabe el asno en que casa rebuzna.
Para cerdos, buenas son bellotas.
Cuando mulo no moria, gallinazo comia.
No falte cebo al palomar, que las palomas ellas se vendrán.
Un abuelo es como un caballo salvaje que ha sido entrenado por su hijo para que lo cabalgue su nieto.
Me lo dijo un pajarito ya casi para volar, todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Raposa que mucho tarda, caza aguarda.
El ave canta aunque la rama cruja.
Perro flaco soñando con longaniza.
El que se acuesta con niños, se levanta meado.
A manos frías, corazón ardiente.
Cuando la culebra canta, señal de agua.
Cuatro ojos ven más que dos.
Esa es carne para los perros.
No hay como la casa de uno
Buey viejo no pisa mata, y si la pisa no la maltrata.
A los tontos no les dura el dinero.
Mira antes de saltar.
Al potro y al niño, con cariño.
Yerro es ir de caza sin perro.
Guárdeme Dios de perro de liebres, piedra de onda, casa de torres y mujer sabionda.
Donde hay celos hay amor, donde hay viejos hay dolor.
Con caracoles, higos y brevas, agua no bebas.
El que desecha la yegua, ése la lleva.
Se pudo una vez, se podrá de nuevo.
Ahora sí se monto la gata en la batea
Si eres oveja, te comen los lobos.
Amo recorrer las praderas. Entonces me siento libre y soy feliz. Si tuviéramos que vivir en casas, palideceríamos y moriríamos.
El burro hablando de olotes.
Cebo haya en el palomar que las palomas no faltaran.
El que tiene ovejas, tiene pellejas.
A donde las dan, allí las toman.
De pequeña pelea nace muy gran rencor.
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.
El perro del hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer al amo.
Quien se fía de un lobo, entre sus dientes muere.
Más ordinario que un sapo en un acuario.