No todos los que van a la iglesia son santos
Muchas manos en un plato causan arrebato.
Caja abierta y culo a besar, a nadie se le puede negar.
El hacer bien a un bellaco, es guardar agua en un saco.
El dinero como el chisme, se hicieron para contarlo.
Coja o tuerta, la que está junto a tu puerta.
Mejor ser feo y atrayente, que buen mozo y repelente.
Cabeza grande, talento chico.
Del monte sale, con que se arde.
En buenas manos está el pandero que lo sabrá bien tañer.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Donde tengas la olla no metas la polla.
No las tiene Rodrigo todas consigo.
El enfermo quiere su vida, el médico quiere sus honorarios.
A casa del amigo rico, irás siendo requerido, y a casa del necesitado, irás sin ser llamado.
Quien aprisa sube, aprisa se hunde.
Año lluvioso, échate de codo.
A bien obrar, bien pagar.
Viejo que paga compañía, mantiene tres casas en un día.
Chimenea que tira poco, el humo a los ojos.
No hay corazón tan triste como una bolsa sin dinero.
Hay ropa tendida.
Si la fuerza hace vencedores, la concordia hace invencibles.
Morrocoy no sube palo ni que le pongan horqueta.
Recoge el heno mientras el sol brilla.
Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
Esto son habas contadas.
¿Dónde tiene mi niño lo feo?, ¡que no lo veo!.
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
Aurora rubia, o viento o lluvia.
Año bisiesto, ni viña ni huerto.
Buen hondero el que mete dos piedras por un mismo agujero.
Al mal tiempo, buen paraguas.
Esto vale lo que un ojo de la cara.
La inocencia de un ratón puede mover un elefante.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
La suerte no se detiene, y es péndulo que va y viene.
No juzgues al hombre en el vino si no has bebido
Seca la garganta, ni habla ni canta.
Villano terco y cazurro, nunca cae del burro.
A enfermo de encontrón, medicina de trompón.
Los ojos se abalanzan, los pies se cansan, las manos no alcanzan.
Cuando llueve y graniza hace la vieja longaniza.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
El mirón, ¡chitón!.
A la que uno no contenta, no bastan dos ni cincuenta.
Por creer en los espantos, se quedó para vestir santos.
Sin pito y sin flauta.
Con tal de que se vaya, aunque le vaya bien.
Me agarro hasta de un clavo ardiendo.