De la mar el mero y de la tierra el carnero.
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
Más cagado que palo de gallinero.
El mal para quien lo fuere a buscar.
En la oscuridad todas las mujeres son bellas
El que no cumple su palabra al fin su desdicha labra.
Está más perdido que una cucaracha en un baile de gallinas.
Las mujeres y el vino hacen errar el camino.
Entre lo dulce y lo amargo, no existe trecho muy largo.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
El sueño es alimento de los pobres.
Buena romería haz, quien a su casa pone en paz.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
El miedo guarda la viña, que no el viñadero.
Castillo apercibido no es sorprendido.
La cabra siempre tira al monte y no se resbala por el peñasco.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
Donde no hay regla se pone ella.
Soplar la pelusa de un abrigo de pieles, para descubrir el menor defecto.
Quien ofende al amigo no perdona al hermano
Nunca falta de que reírse.
Feliz es aquel que aprieta sobre su pecho por una noche o por un año, a una amiga con la faz de luna
Años nones son los peores.
Por miedo de pajarillos, no dejes de sembrar mijo.
Saber no va en las canas, ni valor en barbas.
En Marzo, la veleta, ni dos horas está quieta.
La riqueza es para el que la disfruta, y no para el que la guarda.
De cuarenta para arriba, ni te cases, ni te embarques, ni te mojes la barriga.
La fortuna es madrina de los necios.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
El trabajo del niño es poco, y el que lo desprecia un loco.
El que manda, no va.
Poco se gana hilando pero menos mirando.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
No comas todo lo que puedes, no gastes todo lo que tienes, no creas todo lo que oigas, no digas todo lo que sabes.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
La alegría es un tesoro que vale más que el oro.
Rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde.
La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.
Pan de antedía, vino de año y día; y carne, del mismo día.
Amigo si te echas novia, échatela entre semana, porque en llegando al domingo, la más cochina se lava.
No de plata sino de barro.
Si el liso viera y la víbora oyera no habría hombre que al campo saliera.
Habla de tu pueblo y hablaras del mundo.
La lengua del justo está detrás del corazón, más la del necio va siempre delante, suelta y dicharachera.
Ni moza de mesonero, ni saco de carbonero hay sin agujero.
Otro tiempo vendrá, y el que hoy no puede, podrá.
Los hijos del oidor que murió están más muertos que el oidor.
Luna con cerco, lluvia y viento.