El Rey reina, más no gobierna.
Sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
Manos calientes y corazón frío, amor perdido.
Sale Marzo y entra Abril, nubecitas a llorar y campitos a reír.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
Si buen consejo tomara, otro gallo le cantara.
Hambre y sed, la mejor salsa para comer.
Cuando nace hija, lloran las paredes de la casa.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
Ni las reinas más hermosas, orinan agua de rosas.
A veces, hasta un cerdo ciego encuentra una bellota.
No arrojes margaritas a los puercos.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Cuñada y suegra, ni de barro buenas.
Tiene la cola entre las patas
Dame pan y llámame perro.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
¡Andá a cobrarle a Magoya!
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
Algún día, ahorcan blancos.
Hacer como vaca y cubrir como gata.
A la buena casada, solo su marido le agrada.
Variante: Váyase lo perdido por lo ganado.
Burro pelado a trasquilones, a los diez días no se le conoce.
Redondear la arepa.
Pobre con rica casado, marido de noche y de día criado.
El habar de Cabra se secó lloviendo.
Barba hundida, hermosura cumplida.
Al mal panadero hasta la harina le sale negra.
La mancha de aceite, paso a pasito se extiende.
Raro es el regalo tras el que no se esconde algo malo.
Burro amarrado, leña segura.
Más come la vaca en una lenguada que la oveja en toda la jornada.
Lo que fuere sonará.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Toda carne es sospechosa, más la muerta es venenosa.
Variante: Caridad y amor, no tocan tambor.
Fruta de hoy, pan de ayer, carne de antier.
Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.
Rodilla de lana a su dueño engaña.
La carne en calceta que la coma quien la meta.
Al vino y a la mujer, por el culo a poder ser.
Detrás de la leche nada eches.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida cosa más mala, que la pena de ser ciego en Granada.
Ranas que cantan, el agua cerca; si no del cielo, de la tierra.
Después de la resaca viene la pleamar.