Quien hace malas, barrunta largas.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
Burlas de manos, burlas de villanos.
Hablen cartas y callen barbas.
Oír campanas y no saber dónde.
Más mal hay en la aldehuela del que suena.
Buey sin cencerro, piérdese presto.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
A la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir.
Andar y callar, eso es negociar.
Favorecer, es por norma perder.
Yo que callo, bien en mis adentros hablo.
Ni reír donde lloran, ni llorar donde ríen.
Para que quiere cama el que no duerme.
Es un loco quien su mal achaca a otro.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
Hacer pinitos.
Hacer el agosto.
Zurrianme las orejas; reniego de putas viejas.
Vale más tener que no desear.
Negocian los hombres sabios, disimulando injurias y sufriendo agravios.
Alegría, albarderos que bálago se arde.
Quien se conforma goza y alguna vez padece: pero es un bello padecer el de quien se conforma
Carnero, comer de caballero.
Ahogarse hasta en un vaso de agua.
Hasta la hormiguilla tiene su colerilla.
El que chatico nació, no puede ser narigón.
Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
A bien obrar, bien pagar.
Gallina que canta, de poner viene.
El más piadoso se alegra, al ver su rival en quiebra.
A chico caudal, mala ganancia.
Tema menos y espere más; coma menos y mastique más; quéjese menos y respire más; hable menos y diga más; odie menos y ame más y todas las cosas buenas serán suyas.
El dar y el tener, seso ha de menester.
A quien has acallado no le hagas llorar.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
No me gusta el chisme pero me entretiene.
El que callar no puede, hablar no sabe.
Muy estirar la Cuerda, el arco quiebra.
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
Calumnia, que algo queda.
Buscar aguja en un pajar, es naufragar.
Echar confites a un cochino, es desatino.
Cuantos más seamos, más reiremos.
Quien a decir agrias verdades se pone, agrias verdades oye.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
Más vale un mal acuerdo que un pleito.
A lisonjeros dichos no le prestes oídos.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Bien sabe el picar, por el gusto de arrascar.