Hay veces que el pato nada, y hay veces que ni agua tiene.
El que se casa con una mujer guapa, hasta los cuarenta años el miedo no se le escapa.
Encargo sin plata, no pesa ni mata.
Al asno y al mulo, la carga al, culo.
Muérome de hambre, de frío y de sed: tres males tengo, ¿de Cuál morir?.
El aburrimiento es el mejor enfermero
Pelillos a la mar y lo pasado olvidar.
Más que fuerza vale maña, que el ingenio nunca engaña.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
La mujer buena es a la vez perlas, plata y oro ¿Dónde se encuentra ese tesoro?
Las flores son para los muertos.
Amistades y tejas, las más viejas.
El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel; y el hombre, su nombre
Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
La prosperidad es víspera de la adversidad.
Donde me va bien, ésa mi patria es.
El vino hace reír, hace dormir y los colores al rostro salir.
Fraile convidado echa el paso largo.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.
A las flores les pedimos que tengan perfume. A los hombres, educación.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
¡A darle que es mole de olla!
Todo es según el cristal con que se mira.
Dinero que volando vino, se va por igual camino.
Zurcir y remendar y mejores tiempos esperar; y si no vinieren, será lo que Dios quisiere.
Hombre de dos caras, arredro vaya.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
Faltriquera abierta, el dinero se vuela.
Vence en la mocedad los días buenos, y para la vejez quedan los duelos.
Árboles y amores, mientras tengan raíces tendrán frutos y flores.
Quien escribe mucho desvaría
No diga ninguno: no puedo aprender, tanto hace el hombre cuanto quiere hacer.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
La mujer puede atravesar la roca si se lo propone.
A las mujeres y a los charcos no hay que andarles con rodeos.
Dale un pez a un hombre y comerá un día; enseñale a pescar y comerá siempre.
Buen trago, que el difunto no vuelve.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
Cerco en la luna, agua en la laguna.
No importa cuantas veces hayas caído, lo importante es cuantas te puedas levantar.
Lo más tierno en este mundo, domina y vence a lo más duro.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.
La mujer es como la huella: Siempre parece mejor la de al lado.
Recordar es desandar, y lo que antes se vivió, volverlo a contemplar.
Tiene doble trabajo hincharse y deshincharse.
Lo prestado está a la vera de lo dado.
Ver para creer.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Al hombre deshonesto le es útil el azar