Quien nada hace, nada teme.
Lo que deprisa se hace, despacio se llora.
Juntos en las duras y en las maduras.
La vaca y la mujer, paren a la vez.
Más vale despedirse que ser despedido.
Al desdén con el desdén.
Después del gusto, que venga el susto.
Calva buena, luna llena.
Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
A palabras vanas, ruido de campanas.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Amar y saber, todo no puede ser.
Todo lo que no es dado es perdido
Lo que a la sombra se urdiese, a la luz del día aparece.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
La duda es la llave del conocimiento.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
El tiempo y las palabras no pueden volver a recogerse.
Mucho ruido y pozas nueces.
Justicia, cosa muy buena; pero no en mi casa, en la ajena.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
La sola bravata, no hiere ni mata.
El sol quema la espalda; el hambre el vientre.
La boca hace deudas, pero los brazos pagan.
Habla Marta y responde Justa; una puta a otra busca.
Casamiento y gobierno, destino del cielo.
Suele ser disparate levantar la liebre para que otro la mate.
En la casa del cura, siempre reina la ventura.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.
Bien te quiero y mal te hiero.
Rebuzno de burro, no llega al cielo.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
Obra acabada, a dios agrada.
A hija casada, los yernos a la puerta.
Susto meado mejor que sangrado.
La desgracia de un loco es dar con otro.
A cuentas viejas, barajas nuevas.
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Tal para cual, la puta y el rufián.
Amor y señorío, no quieren compañía.
Quien dineros ha de cobrar muchas vueltas ha de dar.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
Putas y tuertos todos somos vueltos.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
La mona aunque se vista de seda, mona se queda.
La vida es una cuarentena para el paraíso.
El avaro, ahondando el agujero para guardar su oro, llega al infierno.
Es amigo, o enemigo, o mal criado, quien sube sin llamar desde abajo.