Más son los que han tenido que arrepentirse de hablar que de guardar silencio.
La pisada del amo, el mejor abono.
Amigos, amigos, pero la cebada a dos reales.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
Los pesares envenenan la sangre.
Lección dormida, lección aprendida.
El corazón conoce la amargura del alma.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
Nadie sabe como esta el fondo de la olla solo el cucharón.
La caza y los negocios quieren porfía.
El pie en el lecho y la mano el pecho.
Aquel que guarda siempre tiene.
Todos los días son días de aprender, y de enseñar también.
El saber no ocupa lugar.
El adulador corrompe a su patrón rascándole la espalda
Los pájaros, tirándole a las escopetas.
El que quiere moño bonito, tiene que aguantar jalones.
Caballo ajeno, ni come ni se cansa.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
El vino hace reír, hace dormir y los colores al rostro salir.
Abadejo y amor de viejo, todo es abadejo.
Muchos Mollet sacan buenos mofletes.
A chico pajarillo, chico nidillo.
Por San Antón, la gallina pon.
Agua fina saca la espina.
A lo lejos mirar y en casa quedar.
No hay miel sin hiel.
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
En reuniones, el grosero, se destaca de primero.
La avaricia es la mayor de las pobrezas.
A cordero extraño, no agasajes en tu rebaño.
No es solo el hombre el que mea a la pared, porque el perro mea también.
Todo el orgullo y la opulencia paran en siete pies de tierra.
A mamar, todos nacen sabiendo.
Tiempo al pez, que picará alguna vez.
Cuando el río no hace ruido, o no lleva agua o va muy crecido.
El amor es el premio del amor