Callen barbas y hablen cartas.
Con albarcas y sin afeitar, de Gumiel de Izán.
Amigo reconciliado, doble enemigo
Más enseñan las manos que los labios.
El que bien vive, harto letrado es.
El caldo, en caliente; la injuria, en frío.
Julio calorero, llena bodega y granero.
Pan de ayer y vino de antaño, mantienen al hombre sano.
Buena madera, buen oficial espera.
Cuernos que no ves, corazón que no siente.
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Más grande que el apetito, el ojo que mide el frito.
De trigo o de avena, mi casa llena.
El sabio siempre quiere aprender; el ignorante siempre quiere enseñar.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
De Castilla el trigo, pero no el amigo.
Comamos y bebamos que mañana moriremos.
Cada chupetón de teta, es un arrugón de jeta.
Más ven cuatro ojos que dos.
Sirva de algo mientras se muere.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
El sastre engaña al parroquiano, y bien vestido el parroquiano, a la mitad del género humano.
Ni uno de cada ciento, de su suerte está contento.
A la mujer y al mulo, en el culo.
Paja triga hace medida.
El dormir y el comer, hermanos han de ser.
La morcilla reciente, cómela con tu pariente.
Se comió mi merienda y se cagó en el zurrón.
No expongas a tu amigo a las iras de tu enemigo
Las buenas labores honran a los labradores.
Blas, si por malvas vienes, mal vas.
A lo que no puede ser paciencia.
Los ríos profundos fluyen lentamente.
La lengua unta y el diente pincha
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
El que no engorda comiendo, no engorda lamiendo.
Nadie con su suerte está contento y todos con su talento.
Regla para bien vivir, callar después de ver y oir.
Sentarse en las cenizas entre dos banquillos
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
A palabras vanas, ruido de campanas.
El espantajo solo dos días engaña a los pájaros; a los tres, se cagan en él.
Y el que es panzón ni aunque lo fajen.
Fea y con dote, trae a muchos en el bote.
La bondad, quien la tiene la da.
Jugar a dos barajas.
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
Poderoso caballero es don dinero.
Cuando se monta un elefante, no molesta el rocío.