Al hombre bueno, no le busquen abolengo.
Todo avaro tiene un hijo gastador.
La adversidad forja hombres; la buena fortuna crea monstruos.
Quisiera ser una lágrima para nacer en tus ojos, vivir en tus mejillas y morir en tus labios.
Amor y sabiduría no habitan en el mismo castillo.
Es una pena ser viejo, pero no lo es todo el que quiere.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Lo que se da con amor nunca se pierde.
Quien sabe amar jamás hace sufrir.