Lo que es igual, no es trampa.
Cinco puercos son manada.
Quien desparte lleva la peor parte.
En la aldea, no hay melón malo ni mujer fea.
La mala moza, a porrazos hace las cosas.
Lo que se hace aquí, se paga aquí.
Poco freno basta, para la mujer casta.
Entre locos me metí, y lo que sea de ellos, será de mí.
Cada mozo lancee su toro.
Más vale que sobre que no que falte.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
El borriquito delante, para que no se espante.
Esperando marido caballero, lléganle las tetas al braguero.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Desvélate por saber y trabaja por tener.
Bodas en Mayo, males las llamo.
Amores de lejos no son parejos.
Hijos y hogar, son la única verdad.
Nunca buena puta ventanera, pues que no halla quien la ocupe y quiera.
En Tosantos tal y cuanto, y en San Andrés no preguntes de qué bota es.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
Para hablar y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.
Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos.
Favorecer, es por norma perder.
La suerte es de quien la tiene.
A quien se mete a redentor, lo crucifican.
Hasta los animales cuidan sus crías.
Corrido va el abad por el cañaveral.
Cada uno halla horma de su zapato.
Los hermanos y las hermanas están tan unidos como las manos y los pies.
Al viajero, jamón, vino y pan casero.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
El que busca las escogidas, se queda con las raídas.
Quien primero viene, primero tiene.
Al ingrato con la punta del zapato.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
La fe no tiene miedo.
Tarde piaste pajarito.
Sombrerito nuevo tres días en estaca.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
Pan, uvas y queso; saben a beso.
Muchas veces los amos son los mayores sirvientes en la casa.
Más ordinaro que pesebre con prostíbulo.
Por los reyes lo conocen los bueyes.
El que da, recibe.
De desagradecidos está el infierno henchido.
Quien quiera mujer eterna que se case con una enferma.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.
Con pedantes, ni un instante.