A todo hay remedio sino a la muerte.
Noviembre caliente, mayo helado.
Carne a carne, amor se hace.
Cuanto más violento es el amor, más violento es el dolor
Muchos Trueno y nada de auga.
Paga el puerco lo que hizo el perro.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
Antes el trabajo era una maldición, hoy una obsesión.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
No es el diablo tan feo como pintado lo vemos.
Lo que Dios no da, Salamanca no presta.
La avaricia rompe el saco.
Es mejor encender una vela, por pequeña que sea, que maldecir las tinieblas.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
El golpe de la sartén, aunque no duela, tizna.
Del bueno se abusa y al malo se le atusa.
Cree en Dios pero amarra los camellos.
El que todo lo niega, todo lo confiesa.
Casa que cierra sus portones casa que se llena de ratones.
A muy porfiado pedir, no hay que resistir.
Pues morir no se excusa, mal vivir, ¿por qué se acusa?.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Entre marido y mujer, solo paz hay que poner.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Hay tres cosas que destruyen al hombre: el vino, el orgullo y el enojo.
Para enero, oliva en el brasero.
Reniego del amigo, que se come solo lo suyo y lo mío conmigo.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Cuanto más hacienda dejes, más esperada es tu muerte.
No está bien el fuego junto a las estopas.
Donde hubo humareda, el rescoldo queda.
La guerra es violencia insana, y el más violento la gana.
Le brindó el borracho fino; pero la muerte no bebe vino; el avaro con su tesoro, pero la muerte no quiere oro; el borracho y el avariento fenecieron en un momento.
A quien se aventura, Dios le ayuda.
Busca una luz en lugar de estar maldiciendo eternamente la oscuridad.
El que tiene el culo alquilado, no puede sentarse en él.
El corazón del avaro se parece al fondo del mar, ya pueden llover riquezas, no se llenará.
Quien quisiere mentir, atestigüe con muertos.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
Lo más tierno en este mundo, domina y vence a lo más duro.
Dar al olvido.
Reniego de casa que a zapato nuevo dicen buena prohaga.
El vino más bueno, para quien no sabe mearlo, es un veneno.
Cada altar tiene su cruz.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
A caracoles picantes, vino abundante.
El canalla es el que hace el agravio, no el que lo soporta.
Hacerte amigo del juez
Huele peor el pedo ajeno que el propio.
La guerra mil males engendra.