Yo que callo, piedras apaño.
En la tierra de calvos, los pelones son trenzudos.
Jugador de mingo, pagador de mesas de domingo a domingo.
A cazuela chica, cucharadica.
Al comer, al tajadero, al cargar, al cabestrero.
Padre diestro, el mejor maestro.
El mal cobrador hace mal pagador.
Obra acabada, maestro al pozo.
Come, que de lo yuyo comes.
Quiebra la soga siempre por lo más delgado.
Necio que sabe latín, doble rocín.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Baila más que un trompo.
No des el grito de triunfo antes de salir del bosque.
Quien por lo llano tropieza, ¿qué hará en la sierra?.
Quien vengarse quiere, calle y espere.
Quien debajo de árbol se guarece, dos veces se moja.
Diez mil preguntas, son una pregunta. Si contestas una pregunta, desaparecen las diez mil.
De buena casa, buena brasa.
Amigo bueno, solo Dios del cielo.
Hijo de pobre y ternero de rico, no mueren.
Cuando la perra es brava hasta a los de casa muerde.
Cuando Junio llega, prepara la hoz y limpia la era.
A la pereza persigue la pobreza.
Don López, que mata siete de un golpe.
Al nopal solo se le arriman cuando tiene tunas
No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece algún día.
Dios te guarde de odioso señor y de compañía de traidor.
Ajo dulce ni leño sin humo.
Quien no se arriesga no conquista
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
El que cabras cría, va a juicio cada día.
Más vale un día alegre con medio pan que triste con un faisán.
No importa lo el ancho y lo grueso, sino lo que dura tiezo...
Pasear llevando sobre los hombros una carga
De ventero a ladrón, no hay más que un escalón.
Tres cosas echan al hombre de su casa: El humo, el frio y la mala esposa.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
Un día de obra, un mes de escoba.
El que es perico donde quiera es verde.
De buen chaparrón, buen remojón.
Dibujar una serpiente añadiéndole patas.
Juez que de la equidad es amigo, ese quiero yo para mi litigio.
Acabar como el Rosario de la Aurora.
Más vale feo y bueno que guapo y perverso.
Las boñigas de los caballos no son higos
Cuando el alumno esté listo para aprender, un maestro aparecerá.
A un hombre no se le puede juzgar por las apariencias.
A quien presta su frazada, le toca aguantar la helada.