Hay tres cosas que no se pueden ocultar: el humo, el amor y un camellero con su camello por el desierto.
No hay fuego más ardiente que la lengua del maldiciente.
Al leñador caza, y al cazador leña.
No te metas en el seno, sabandija con veneno.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
Por muy manso que sea el oso, sigue siendo peligroso.
Más chulo que un ocho.
Es mejor que una piedra en el ojo y una mordida de puerco en la cara.
Cabra de manada, no se halla encerrada.
La mona aunque se vista de seda, mona se queda.
Caballo de buena medra, no se cansa ni se arredra.
Un perro sabe donde se tira comida.
Fraile convidado echa el paso largo.
Del ahogado, el sombrero.
En casa del herrero, asador de madero.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
La bebida despinta al barniz y descubre al hombre.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
Ni tengo padre, ni madre, ni perro que me ladre.
De saltamontes a chicharra poco marra.
Ha de tener los cabellos limpios el que trata a otros de piojosos.
El que es sabio nunca enceguece.
De amigo reconciliado y de fraile colorado, guárdate con cuidado.
Palabra de boca, piedra de honda.
Indio comido, puesto al camino.
La vieja escarmentada, pasa el río arremangada.
Señorito de pueblo y caballo criado a hierba, puta mierda.
Del monte sale, con que se arde.
Cuando veas las barbas de tu vecino arder... mete la tuya en remojo
Jurar ves magaña, quien jura te engaña.
¿Con caballo, con dinero y sin mujer, cuándo se te vuelve a ver?.
La verguenza es último que se piedre.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
La gente discreta, no suelta la jeta.
El beber es hidalgo, y el comer es villano.
Buen alzado pone en su seno, quien escarmienta en mal ajeno.
Por la noche juju y por la mañana burra muerta.
Golpe de cobre nunca mato a hombre.
La polla que se acurruca, el gallo se la manduca.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.
Con pelito... no hay delito.
El agua tiene babosas.
Donde tiene el tesoro el avariento, tiene el entendimiento.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
Tenés cola que te machuquen.
Piedra sin agua, no afila en la fragua.
Al tonto se le conoce pronto.
A puerta cerrada el diablo se vuelve.
El que la hace, la paga.
Nadie, ladrando a la luna, alcanza amor ni fortuna.