El más ruin se engalla, y el más honrado calla.
El más cruel fastidio, no vale un suicidio.
Si tienes miedo, a nadie lo reveles.
Merecer y no alcanzar, es para desesperar.
Casa convidada, pobre y denostada.
La pobreza no es vileza, más deslustra la nobleza.
Todo el orgullo y la opulencia paran en siete pies de tierra.
Pobreza no es vileza.
Contra gustos, no hay disgustos.
Paciencia ofendida sale de madre enseguida.
Difama, que algo queda.
Cuanto uno es más honrado, tanto es mayor su pecado.
Cuesta más vengar agravios que soportarlos.
No hay virtud y nobleza que no abata la pobreza.
Mejor precavido, que arrepentido.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
Es engaño triste y vano, consolarse con la mano.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Juan de las Bragas, si no quieres que te lo digan, no las hagas.
La contrición del pecado, no repara el mal causado.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
Es como la mierda del pavo que ni sabe ni huele.
La prolijidad suele engendrar el fastidio.
La sed por el oro, socava el decoro.
Lo que en la bonita es gracia, en la fea es desgracia.
Paciencia muchas veces ofendida, trastorna el juicio.
La verdad no peca pero incomoda.
Antes del alivio viene el arrepentimiento.
Callar como puta tuerta.
Para los desgraciados se hizo la horca.
El orgullo y la pobreza están hechos de una pieza.
Una equivocación, cualquiera la tiene.
Ruin es quien por ruin se tiene.
Mejor es resignarse que lamentarse.
Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
Necio o loco es el orgulloso, pues no medita en que fue lodo y será polvo.
El dar es honor; el pedir, dolor.
Lástima grande que no sea verdad tanta belleza.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
Tanto pedo para cagar aguado.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
Gran pena debe ser, tener hambre y ver comer.
Boca de verdades, temida en todas partes.
Riquezas con sobresaltos, miserias las llamo.
A ninguno le hiede su mierda sino la ajena.
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
La desesperación convierte a un hombre infeliz en un hombre débil
Pereza, madre de pobreza y abuela de vileza.
El sucio quiere ensuciar al otro.