De todos olvidado, muerto y no enterrado.
De suerte contentos, uno de cientos.
Cultura es aquello que permanece en la memoria cuando se ha olvidado todo
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Las palabras mueven, los ejemplos arrastran.
Juntos en las duras y en las maduras.
Sé constante en tu corazón; haz firme tu pecho; gobierna no solo con tu lengua. Si la lengua del hombre fuese el timonel de una embarcación, el Dios sería su capitán.
La felicidad de una casa tranquila se valora cuando la paz deja de existir
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
En los ojos y en la frente se lee lo que el hombre siente.
Pasado mañana, mañana será ayer.
El que demonios da, diablos recibe.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.
Ni en pelea de perros te he visto
El que busca las escogidas, se queda con las raídas.
Dios habla una lengua extranjera.
De los nublados sale el sol y de las tormentas, la bonanza.
¿Tienes té y vino? Tus amigos serán numerosos
El hijo que quieras más, ése se te irá en graz.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
Toda desgracia es una lección.
Hablo de la gente de nuevo cuño.
El que hambre tiene, en tortillas piensa.
Si truena es porque va a llover.
Quien al escoger, mucho titubea, lo peor se lleva.
La mujer buena es a la vez perlas, plata y oro ¿Dónde se encuentra ese tesoro?
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
Mal vecino es el amor, y do no lo hay es pero.
Amor de monja y pedo de fraile, todo es aire.
Por el amor del caballero, besa la dama al caballero.
A gran seca, gran mojada.
Por San Matías igualan las noches con los días y pega el sol en la umbrías.
Día nublado engaña al amo y al criado.
Solo posees aquello que no puedes perder en un naufragio.
Miente tu por mi, y yo jurare por ti.
Lo que no hurtaron ladrones, aparece en los rincones.
Donde hay ganancias las pérdidas se esconden por ahí cerca.
A casa de tu tía, entrada por salida.
Mujer que se queja, marido que peca
El que con niños se acuesta, cagado se levanta.
La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse.
Como el azúcar no es arsénico, muchas tumbas están llenas.
La esperanza es como el azúcar en el té. Aunque es muy poca, todo lo endulza.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
Buena es la vida de aldea por un rato, más no por un año.
El viejo quiere más vivir, para más ver y oír.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
Tres son las velas que disipan la oscuridad: la verdad, el conocimiento y las leyes de la naturaleza.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
Son como dos jueyes en la misma cueva.