La ocasión de hacer bien nunca se ha de perder.
Quien halla a tiempo la sisa, no se queda sin camisa.
Quiere decir que, casi nunca, viene de hecho que desde la cosecha de las uvas a la de las peras, hay mucho tiempo.
Jugar limpio, bueno para la conciencia y malo para el bolsillo.
Donde hay pelo hay alegría.
Bebe el agua de tu fuente clara, y no busques la encenagada.
El vivo a señas y el tonto a palos.
Dos en pleito, para ellos es el daño y para otros el provecho.
El que apurado vive, apurado muere.
Por fiarse del perro, duerme el lobo en el pajar.
Olvidar una deuda no la paga.
La paz con una porra en la mano es la guerra
No vacíes tu vientre a todo el mundo ni dañes la consideración que de ti tienen.
Del viejo, el consejo; de la vieja, la conseja.
Hacer bien donde no es agradecido es bien perdido.
Amigo bueno, solo Dios del cielo.
Sé amigo de tus amigos. Responde a un regalo con otro regalo, a una sonrisa con otra sonrisa y a una mentira como si no la hubieras escuchado.
Por Santa Catalina, la nieve se avecina.
No es amistad la que siempre pide y nunca da.
En casa del que jura, no faltará desventura.
Me doblo pero no me quiebro.
El que sabe sabe y el que no lo inventa.
Nadie entre en el bien sino mirando cómo ha de salir de él.
Agua del cielo no quita riego.
Buscar excusas a una idiotez es cometer otra.
Araña de día, carta o alegría.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
Hacienda de muchos, los lobos se la comen.
En Octubre no le toques a tu mujer la ubre.
Algún día, ahorcan blancos.
Dichosos los ojos que te ven.
Mal ajeno es ruin consuelo.
Lo importante no es vencer, lo importante es no ser vencido.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
A cada paso, un gazapo.
No merma el daño el ser muchos a llorarlo.
El amor y la luna se parecen: menguan cuando no crecen.
Con Dios voy; mis obras dirán quién soy.
Alforjas llenas quitan las penas.
Nieve en octubre, siete lunas cubre.
Buey que muge, todos le temen.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.
Mulas y amigos faltan en los peligro.
Quien muerte ajena desea, la suya se le acerca.
Un día menos, una arruga más.
No hay que conejear sin perros.
La muerte tiene las piernas frías.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
Adivina quien te ha dado; tu enemigo se ha acercado.