La verdad más firme, surge de una mentira solidamente repetida.
Zapatero remendón, suela vieja y almidón.
La venganza es el platillo que sabe mejor frío.
Componte para el marido y no para el amigo.
Cada palito tiene su humito.
Día vendrá que tenga peras mi peral.
Fantasmas y fantoches, a troche y moche.
Ratón que no sabe más que un horado, presto es cazado.
Tener dolor de muelas detrás de la oreja
El que es demasiado pequeño, siempre tiene un orgullo muy grande.
Gracias pierde quien promete y se detiene.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
Algo es algo, menos es nada.
La ocasión de hacer bien nunca se ha de perder.
A cada paso, un gazapo.
Lobos de la misma camada.
Yo he hecho lo que he podido, y la fortuna lo que ha querido.
La mucha tristeza sueño acarrea.
Paciencia y barajar.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
Si mi abuela no se hubiera muerto, viva estaría.
El mayor gusto, el vengar; la mayor gloria, el perdonar.
Reniego del amigo que cubre con las alas y muerde con el pico.
Harta el pan casero, y no el del panadero.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Abriga bien el pellejo si quieres llegar a viejo.
Escribir despacio y con buena letra.
Aquél es buen día, cuando la sartén chilla.
Calle mojada, caja cerrada.
Un ojo al gato y otro al garabato.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
El hombre experimentado, es hombre viejo y gastado.
Amigo serás, pero a comer a tu casa.
Quien cerca halla, cerca calla.
Mojarse el potito.
Decir y hacer dos cosas suelen ser.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
Carnero, comer de caballero.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Por la muestra se conoce el paño.
Una espina en el ojo.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar.
Cuernos que no ves, corazón que no siente.
En la casa que no hay de comer, todos lloran y saben porqué.
La práctica hace al maestro.
Riñas de enamorados, amores doblados.
Toda la noche registrando cucharales y al final no tenía ni dos reales.
El hipo, en el niño para vivir, en el viejo para morir.