Retén y no des: porque si das, día llegará que pedirás.
Donde uno piensa, otro sueña.
Renegad de viejo que no adivina.
Dinero que prestaste, enemigo que te echaste.
Si el trabajo enorgullece, recuerda que el orgullo es pecado.
En la necesidad se conoce la amistad.
Mas quiero viejo que me regale, que mozo que me mande.
Cuando hablares, cuida qué, cómo y de quién, dónde, cuándo y con quién.
Amigo en la adversidad, amigod de verdad.
Salvarse por los pelos.
¡Madrecita, madrecita!, ¡que me quede como estoy!.
Júntate, que junto estabas.
A confite de monja pan de azúcar.
El ingrato por un favor, coces cuatro.
Del cuerdo espero poco, y mucho del loco.
Si te sobra el tiempo de joven, de viejo se te esconde.
Del niño el beso, del viejo el consejo.
El primer amor es como la camiseta, siempre va pegada al pecho.
El amigo, lo escojo yo, el pariente, no.
Solo sé que poco sé y lo poco que sé apenas lo sé.
Saber uno los bueyes con que ara.
Ningún rencor es bueno.
Valiente que huye una vez, es que se guarda para otra vez.
Coge brillo cadenita, que tu mojo llega.
No te mofes de los viejos, que de ellos no estamos lejos.
Consejos ciertos, los que a los vivos dan los muertos.
Huéspedes de repente, ni me lo mientes.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
No hay mayor emoción que la de volver al lugar en que se nació.
A la vejez aladares de pez.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
Casa mía, casa mía, por pequeña que tú seas me parece una abadía.
Cuando tu ibas ayer, yo venía ya de moler.
Nadie perdona que le hagan un favor.
Entre puntada y puntada, una miradita a cuantos pasan.
Echa cuentas, que te saldrán cuentos.
Cuentas viejas líos y quejas.
Ya muy viejo Salomón, de un niño tomo lección.
Juramento, juro y miento.
Hoy figura, mañana sepultura.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
Miren quién habló, que la casa honró.
Quien a viejo quiera llegar, a los viejos ha de honrar.
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
Amigo que no da, poco me importa ya.
Una cosa rara sucedió en la muerte de mi tía: que un rato antes de morir aún vivía.
El yerro encelado, medio perdonado.
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
Buena vida me paso, buena hambre me rasco.
Palabra de cortesano, humo vano.