Febrerillo loco, un día peor que otro.
Amor, El de asnos hace sabios, y de sabios hace asnos.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Zun de noche, se sube a un coche
El que ríe mucho, es tenido por insensato, y el que no ríe es de casta de gato.
Abre para todos tu boca y para todos tu bolsa.
Un candado para la bolsa y dos para la boca.
Ir a matar lobos no es para bobos.
Chofer que mucho acelera, se rompe la calavera.
Si tu vecino te gana a arar, tú gánale a escardar.
Hasta las hienas quieren a sus hijos.
El borracho valiente se pasa del vino al aguardiente.
Quien ha probado un buen pez, quiere comerlo otra vez.
Ocasión perdida, para siempre ida.
El jumento para la arada es malo; para la carga es bueno.
Cada santo tiene su candela.
La gota que derramó el vaso de agua.
A cada cual lo suyo y a Dios lo de todos.
Amigos y compadres búscalos entre tus iguales.
Saber si pisa culebra o si pisa bejuco.
El viejo desvergonzado, hace al niño mal educado.
Donde pone el ojo, pone la bala.
La traición place, más no el traidor que la hace.
Casa oscura, candela cuesta.
La necesidad tiene cara de hereje.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Matar dos pájaros de un tiro.
A mal viento va esta parva.
A la feria se va por todo; pero por narices no.
Ve a menudo a casa de tu amigo, porque la maleza puede borrar el camino.
No hay caracol que no tenga vuelta.
Moza que se asoma a la ventana a cada rato, quiere vender barato.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Rascar y comer comienzo ha menester.
Loco está el que cree en las lágrimas de un heredero
Guardado el dinero, no pone huevos.
El traidor y el incapaz, siempre asechan por detrás.
Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
A tu amigo gánale un juego, y vuelve luego.
Ayer entró rogando y hoy entra mandando.
No pidas un cañon para matar un gorrión.
Escoba nueva, barre bien.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Por San Antón, gallinita pon; y por la Candelaria, la buena y la mala.
Dañada una pera, dañadas sus compañeras.
Hija la primera, del padre entera.
A gusto dañado, lo dulce le resulta amargo.
El valiente de palabras es muy ligero de pies.
Cada uno tiene su alguacil.
El injustamente alabado, entienda que es engañado.