Quien mocos envía, babas espera.
El que mucho ofrece, poco da.
El que fía lo que tiene, a velar se queda.
De Segovia, ni el aire ni la novia.
Se conoce la cara de una persona, pero no su corazón.
De airado a loco va muy poco.
La sardina y el huevo a dedo.
Bien te quiero, bien te quiero, mas no te doy mi dinero.
Dar consejo y el vencejo, ese sí que es buen consejo.
En los ojos y en la frente se lee lo que el hombre siente.
La oveja lozana a la cabra la pide lana.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
Hijos antes de casamiento, traen gran sufrimiento.
Más vale onza de prudencia, que arroba de ciencia.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Casa de mantener, castillo de defender.
La alegría da miedo
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
A la iglesia por devoción, y a la guerra por necesidad.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
Compañía del ahorcado: ir con él y dejarle colgado.
El día que amasó, mal día pasó; pero peor es no tener qué amasar ni qué cerner.
La alegría es el mundo de la libertad
Lo poco, nunca dio mucho.
Vive la vida y no dejes que la vida te viva.
Ni lava ni presta la batea.
Moza reidora, o puta o habladora.
Fruta que pronto madura, poco dura.
Faldas largas, algo ocultan.
Ponle a un perro un nombre sabroso y cómetelo.
Un libro es como un jardín en el bolsillo.
Firma papel y te encadenarás a él.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
El que a feo ama, bonito lo ve.
No prometas nada cuando te sientas eufórico; no respondas una carta cuando te sientas iracundo.
Huerto sin agua, casa sin tejado, mujer sin amor y marido descuidado.
Es de sabios, cambiar de opinión.
La fantasía, de hecho, es la cara oculta y secreta de la realidad
Aunque esté justificada, la felicidad siempre es un privilegio
El pato que quiere pasar por cóndor termina siendo ganso.
Desde pequeñito le amarga el culo al pepino.
Todo se pega, menos la hermosura.
La mujer en casa y con la pata quebrada.
La envidia y las fiebres matan al que las padece.
En el amor y la guerra, todo hueco es trinchera.
Huye del que te alaba, sufre al que te injuria
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Llámome carrasco y donde me pica me arrasco.
Un duro y un vaso de buen vino son los mejores amigos, y en caso de mucho apuro, si no tienes el vaso, ten el duro.
Donde ajos ha, vino habrá.