A suerte mala, paciencia y buena cara.
Comer fruta, hablar puta, leer carta, bien se puede hacer en la plaza.
Empréñate del aire, compañero, y parirás viento.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
De señora a señora, empanadas y no ollas.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
No es posible defenderse del aburrimiento
Sábados a llover, viejas a beber, putas a putecer.
Le tiene miedo como el diablo a la cruz.
Ocasion perdida, no vuelve más en la vida.
A cautela, cautela y media.
Cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer.
Abril, lluvias mil.
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
Una sola palabra puede decidir un negocio. Y un solo hombre, la suerte de un imperio.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
A la gente alegre el cielo la ayuda
De los celos, se engendran los cuernos.
El corazón manda en los ojos, y les hace trampantojos.
Ahora adulador, mañana traidor.
Mira la peseta y tira el duro.
El pastor ruin, por no dar un paso, tiene que dar mil.
En vender y comprar, no hay amistad.
Don sin Din, gilipollas en latín.
El viejo pone la viña y el mozo la vendimia.
El amor es ciego, pero el casamiento encuentra la cura.
Bien guisa la moza, pero mejor la bolsa.
Honra y dinero se ganan despacio y se pierden ligero.
Quien no arrisca, no aprisca.
O jugamos todos o pinchamos el balón.
Llevar adarga para viivir vida larga.
El vino casi es pan.
La amistad termina donde la desconfianza empieza.
Qué bien se trilla fuera de la parva.
A quien celos no tiene, no tiene verdadero amor.
Aire colado, a muchos ha matado.
Como es el padre, así es el hijo.
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
Con palabras y más palabras no se llena la media fanega.
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
Mucho saber, menos ignorar es.
A ciento de renta, mil de vanidad.
Amigo de todos, loco con todos
El matrimonio está como un cacahuete, hay que romper la cáscara para ver lo que hay dentro.
A falta de manos, buenos son los pies.
Caceta y pesqueta, mala chaqueta.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
Le puso el dedo en la llaga.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.