Buena, joven, rica y bella, ¿dónde estella?.
Del joven voy, del viejo vengo.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
Amor no respeta ley, ni obedece a rey.
Entre dos amigos, un notario y dos testigos.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
¿Mirón y errarla?.
Jugar con el tabernero es perder tiempo y dinero.
Aquel que guarda siempre tiene.
A palabras vanas, ruido de campanas.
Pan duro, pero seguro.
El agua hace sudar; el vino, cantar.
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
Por San Miguel se cata la miel; quien no la catare, le amargare.
Va al hoyo el mozo y el gozo al pozo.
¡Qué buen culo, si fuera suyo!
Hacer una montaña de un grano de arena.
Compañía de dos, mi perro y yo.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
Ni fea que enfade, ni hermosa que se codicie.
Si la suerte quiere ir a ti, la conduciras con un caballo, más si quiere irse romperá una cadena.
El melón y la mujer, difíciles son de entender.
El cantar, alegra el trabajar.
El fraile se muda, el mozo se casa, el casado se cansa y se va a su casa, el clérigo dura.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
No basta parecerlo, hay que serlo.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
El triunfo de los crueles es breve
Reina es la gallina que pone huevo en la vendimia.
Tales son migas de añadido, como mujer de otro marido.
Dar limosna no aligera la bolsa
Oveja que anda, bocado halla.
El corazón del ñame solo lo sabe el cuchillo.
Mujer sin varón, ojal sin botón.
Si no seré su guardián, dejaré a los gansos ser gansos
Molino que no muele, algo le duele.
Darás con la cabeza en un pesebre.
El que mucho abarca, poco aprieta o se le cansan los brazos.
De lo que te sobre da tu parte al pobre.
Soltero maduro, maricón seguro.
Casa con azotea, ladrón la asalta.
Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
La alegría alarga la vida.
Cagar por la mañana y abundante, alarga la vida de cualquier tunante.
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
La primera te la paso, pero a la segunda te aso.
Una juventud que no cultiva la amistad con los ancianos es como un árbol sin las raíces.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
Nobleza obliga.