Es mejor sudar que temblar
Una sola mano no basta para subirse a la palmera.
La única riqueza no es la posesión sino el uso.
Hasta el viaje más largo comienza con un solo paso.
Labranzas de aguja, ni valen más que las de pluma.
Hombre refranero, sin cuartos o sin dinero.
No hay mejor ciencia que paciencia y penitencia.
Te conozco mascarita
Aguja, sastre y dedal, os darán por medio real.
El tiempo es como una flecha que vuela.
Fortuna y ocasion, favorecen al osado corazón.
Zambullo, suelta lo que no es tuyo.
Los que beben mucho no le encuentran el gusto
Los pastores serán brutales con las ovejas mientras las ovejas sigan siendo estúpidas.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
Una comida sin vino, es como un día sin sol.
Febrero y las mujeres, entre cuatro paredes.
Esta es la gota que derramo el vaso.
Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
Como la moza del abad, que no cuece y tiene pan.
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
Alegrías y pesares, te vendrán sin que los buscares.
Las únicas cuerdas que producen libertad son aquellas de las que surge música.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
El que al pedir abusa, a cambio recibe una excusa.
La medicina cura, la naturaleza sana.
Más vale poco pecar que mucho confesar.
Mal se juzga al caballo desde la silla
Abril frío, poco pan y poco vino.
La dentadura o la moza, no se presta ni se endosa.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Olvidado y nunca sabido, viene a ser lo mismo.
Nunca te metas con una más jodia que tu; porque se joden los dos.
Hablar por referencias es casi mentir.
El pensamiento postrero es más sabio que el primero.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
Comer sin vino, comer canino.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
No esperes paz del visitante que toca tu puerta con una piedra.
Quien mucho desea, mucho teme.
Cuentas claras, amistades largas.
El mal entra a brazadas y sale a pulgaradas.
Quien miente, no habla lo que siente, sino lo que quiere.
La fortuna, a los necios ama y a los sabios desama.
A cualquier trapo con tirilla, le llaman camisa.
Dios al humilde levanta y al orgulloso quebranta.
El orgullo ciega por unos instantes, dejando recuerdos indelebles
Querer sanar es media salud.
Si el trabajo enorgullece, recuerda que el orgullo es pecado.
Entre dos amigos, un notario y dos testigos.