Sobre la cola del león no se sienta nadie.
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
El abismo lleva al abismo
Querer a quien no me quiere, mal haya quien tal hiciere.
Casar y descasar, muy despacio se ha de pensar.
El ojo del amo engorda al caballo.
Renuncia solo cuando estés bajo tierra
Fía mucho, más no a muchos.
Otros vendrán, que bueno me harán.
El primer amor es como la camiseta, siempre va pegada al pecho.
Haz bien y vive alegre.
Dios no ayuda a los holgazanes.
Como turco en la neblina.
Mozo sermonero o no tiene novia o no tiene dinero.
Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el precipicio.
La cuña que más aprieta, palo es de la misma horqueta.
Incluso sin poder gatear quieres correr.
Cuanto más sepas, más sufrirás.
Ni comas crudo ni andes a pie desnudo.
Los animales feroces no se matan nunca por placer. Solo el hombre lo hace
Para ser puta con chancletas, más vale estarse quieta.
La cosa más baladí, para algo puede servir.
Más claro, agua.
Muchos pocos hacen un mucho; muchos granos de arena forman una pagoda.
No hagas mal y no habrás miedo.
Cuando el español canta, o ha llorado o no tiene blanca.
El fruto prohibido es el más apetecible.
Quien hace agravios, escríbelos en el agua; quien los recibe, en el corazón los graba.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
Navarro, ni de barro
De padres cantores, hijos jilgueros.
La amante ama un día, la madre toda la vida.
Tanto quiso el demonio a sus hijos, que les sacó los ojos.
Yo solo lo hago en mi moto.
El idiota es como el ladrón de campanas, que se tapa el oído para robarlas.
Quien se viste de mal paño, dos veces se viste al año.
Hazte la fama y échate a la cama.
Madre, si usted no me casa, con el culo tiro mi casa.
Cada cual en su madriguera sabe más que el que viene de fuera.
Una olla y una vara el gobierno de una casa.
Riñen los amantes y se tiran las ligas y los tirantes.
Salud para mí, trabajo para mi marido.
La piedra regalada por un amigo es una manzana
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
A la fuerza no es cariño.
La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.
No se hablar, y me mandas predicar.
Guárdate de la furia de una mujer despechada.
El hombre lo pide, y la mujer decide.