Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
Buey lerdo, bebe agua turbia.
El Rey reina, más no gobierna.
Bendito aquel que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarnoslo con sus palabras.
Las palabras no cuestan plata.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
El corazón del ñame solo lo sabe el cuchillo.
La juventud no esta perdida, solo desorientada.
Novia llorosa, sonriente esposa, novia sonriente, llorosa esposa.
Hasta el más capón se los hecha al hombro.
Quien bien quiere, tarde olvida.
Se coge antes a un mentiroso que a un cojo.
Raras veces es mal año en campo bien sembrado.
Amar a todos, confiar en nadie.
No hay que buscarle tres pies al gato.
La muerte no suele avisar, cuando menos lo piensas, ahí está.
A fácil perdón, frecuente ladrón.
Saber demasiado es envejecer prematuramente.
Los problemas nunca vienen solos.
Más quiero poco seguro que mucho en peligro.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Laguna que no tiene desagüe, tiene resumidero.
En cama extraña, no se junta las pestañas.
El que afloja tiene de indio.
No pasa seguro quien corre por el muro.
No hay tal reja como el culo de la oveja.
Me extraña que siendo araña te caigas de la pared.
Después de ir a discoteca, rependejo quien no peca.
La suerte de la fea, la bella la desea.
La oveja lozana a la cabra la pide lana.
Haz ciento y no hagas una, y como si no hubieras hecho ninguna.
Ratones y falsos amigos, huyen cuando oyen ruido.
Buen trago, que el difunto no vuelve.
La mujer gentil, de un pedo apaga el candil.
Cuándo del pie, cuándo de la oreja, a mi marido nunca le falta queja.
Boca sin dientes, casa sin gente.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Hacer buenas (o malas) migas.
Alcanza, quien no cansa.
Le tiene miedo como el diablo a la cruz.
Los cuernos y las canas no salen por la vejez.
Cabeza casposa, poco piojosa.
Trabaja, Perico, que quien nació pa ser pobre, ni el rey le hace rico.
El juego lo conozco yo; pero el jugador no.
Del joven voy, del viejo vengo.
No sea una mujer tan bella como para matar ni tan fea como para asustar
Te conozco mascarita
El que se enamora no lo nota, pero al poco tiempo se vuelve idiota.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.