Por un oído le entra y por otro le sale.
La comida entra por los ojos.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
Al que no fuma ni bebe vino, le huele la boca a niño.
Cara de melocotón, de niño y no de hombrón.
Las paredes tienen oidos.
No hace falta ver los pensamientos; basta mirar la expresión de los rostros.
A pan duro, diente agudo.
La sinceridad viene del alma y se lee en el rostro de los sencillos
Cuando menos lo piensa el guapo, le sale la jaca jaco.
Dios da barbas, al que no tiene quijada.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
La buena comida se anuncia a la nariz desde la cocina.
Ningún humano recuerda, que el culo le huele a mierda.
Niebla en verano, norte en la mano.
Los ojos son el espejo del alma.
Venía como muela del juicio, picado y hasta atrás.
Al que escupe para arriba, le cae en los ojos.
Para el culo de una mujer y la mano de un barbero, siempre es Enero.
Moza gallega, nalgas y tetas.
Cada chupetón de teta, es un arrugón de jeta.
Se llena antes el ojo que el papo.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
Barba hundida, hermosura cumplida.
A caballo de presente no se le mira el diente.
Gran tocado y chico recado.
El que escupe para arriba, le cae la saliva en la cara
Darás con la cabeza en un pesebre.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
A palabra necias, oídos sordos.
Muchos Mollet sacan buenos mofletes.
No está toda la belleza, por fuera de la cabeza.
A barba, ni tapia, ni zarza.
Dar al olvido.
¿Cómo se puede escupir en una cara sonriente?
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
Ni fea que enfade, ni hermosa que se codicie.
Primero mis dientes y después mis parientes.
Naipes, mujeres y vino, mal camino.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
Rostro lleva al lecho, que no el culo bien hecho.
Alma sin amor, flor sin olor.
A buen bocado, buen grito.
Boca que no habla, Dios no la oye.
Pariente que no me luzca, un rayo que lo desmenuzca.
A escote, no hay pegote.
Pocos pelos, pero bien peinados.
Es más limpio que el cuello de un sacerdote.
Mujer que al andar culea y al mirar los ojos mece yo no digo que lo sea, pero lo parece.