Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Boca seca hace bolsa llena.
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
Escoba nueva, barre bien.
Manjares y buenos vinos, no son para los cochinos.
Olla con jamón y gallina, ¡canela fina!.
Donde entra el mucho vino, sale el tino.
A casa de tu hermano no vayas de ordinario, y menos si es casado.
El buen vestido aumenta la hermosura, y la fealdad disimula.
Las medias, ni en los pies son buenas.
Buenas palabras y buenos modos dan gusto a todos.
La duda es la llave del conocimiento.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.
La gente asustada, no ve ni oye nada.
Años de higos, años de amigos.
Antes huir que morir.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
Hablar a tiempo requiere tiento.
El cobarde vive, el valiente muere.
Uno hizo la calza, y otro se la calza.
Para el hierro ablandar, machacar y machacar.
Prueba primero al amigo, antes de buscar su abrigo.
Ni para carga ni para silla.
Boca con boca se desboca.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
La cabra siempre tira al monte y no se resbala por el peñasco.
Tarde, o temprano, todo lo sabe fulano.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Quien abono echa, tendrá buena cosecha.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
Vivir prevenidos, es de buen sentido.
El que la sigue la consigue.
De desgraciados está el mundo lleno.
El juez perverso, condena a la paloma y libra al cuervo.
El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
Abrazos y besos no hacen chiquillos, pero tocan a vísperas.
El que todo lo quiere vender, presto quiere acabar.
La experiencia no se fía de la apariencia.
Asi joven supiera y el viejo pudiera.
Amor, amor, malo el principio y el fin peor.
Todo es según el cristal con que se mira.
Un dolor alivia otro dolor, y un amor cura otro amor.
Te conozco, pajarito.
Al matar los puercos, placeres y juegos.
Hazme la barba, hacerte el copete.
Ni firmes sin leer, ni hables sin ver.
Come niño, y crecerás; bebe, viejo, y vivirás.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
Ni rosas sin espinas, ni amor sin celos.
Siempre friegan los platos los mentecatos.