Obra acabada venta aguarda.
Negocio que no da para llegar a las diez, mal negocio es.
Al hombre deshonesto le es útil el azar
Quien te hace fiestas que no te suele hacer, o te quiere engañar, o te hará menester.
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
El sucio quiere ensuciar al otro.
Como buscar una aguja en un pajar.
Si necesitas consejo, pídelo al viejo.
A misa temprano nunca va el amo.
Para conservar amistad, pared en medio.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
Casa con dos puertas, mala es de guardar.
La cama guarda la fama.
Hablar bajo y obrar alto.
Detrás de la leche nada eches.
Gentes hay de mucho tono, que producen Solo abono.
Zumbido de mosquito, es nada, grande grito.
Quien halla a tiempo la sisa, no se queda sin camisa.
Un loco hace ciento.
A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.
A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.
Amor de amos, agua en cestos.
Lo que no acaece en un año, acaece en un rato.
Con esfuerzo y esperanza todo se alcanza.
A gracias de niño y canto de pájaros, no convides a tu amigo.
Téngale miedo a la ira de Dios ya una escasez de mujeres.
Casa chica infierno grande.
Acertar una y errar diez, mal acierto es.
Nadie muere motón.
Año bisiesto, año siniestro.
Despacio, que llevo prisa.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
Juntos pero no revueltos.
El ama brava, es llave de su casa.
Trance peligroso es tener por las orejas al lobo.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
Cuando se pide con fe no hay mujer que no lo dé.
Claridad, y no en el caldo.
Este es el cuento de María Sarmiento, que fue a cagar y no encontró siento.
Aceite y vino, bálsamo divino.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
De algo murió mi abuela.
La suerte es de los audaces.
Donde hay ganancias las pérdidas se esconden por ahí cerca.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
Lo mismo dijo un fraile y se la clavaron en el aire.
Se debe desconfiar de un mal libro como de una seroiente, que temprano o tarde da muerte a los que se distraen en ella.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.