A buen comedor, quitárselo de delante.
Ni cenamos ni se muere padre.
Cada quien, con su cada cual.
Suegras, nueras y cuñadas, son asas de caldera mal arregladas.
Dar consejo es virtud de segundo orden.
Manos frías, amor para un día, manos calientes, amor para siempre.
Roja barba y mal color, debajo del cielo no le hay peor.
Más aburrido que bailar con su hermana.
Del lobo un pelo.
Cuando llueve y hace sol, coge caracol.
Quien dineros y pan tiene, consuegra con quien quiere.
Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren.
Dar y tejer es buen saber.
En el marido, prudencia; en la mujer, paciencia.
Donde ajos ha, vino habrá.
Echarle mucha crema a sus tacos
Con el buen sol, saca los cuernos el caracol.
Este batea y corre para tercera.
Si al mediodia el rey dice que es de noche, tú contempla las estrellas.
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
A ti te digo hija, para que entienda la hijastra.
Bendita la casa que a viejos sabe.
Farolillo de la calle, tizón de la casa.
Ni mangas porque es chaleco.
Sentarse en las cenizas entre dos banquillos
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
Hacer un viaje y dos mandados.
Paciencia piojo que la noche es larga.
Nadie envejece a la mesa.
Las paredes oyen.
Pasará, sea lo que sea.
Tras cada pregón, azote.
Casarse bajo el palo de la escoba
A poco pan, tomar primero.
Un barbudo, un cano, un licenciado, si no nieva el invierno se ha acabado
Abrígate en Febrero con dos capas y un sombrero.
Con chatos, poco o ningún trato.
Padre millonario y trabajador, hijo vago y malgastador.
Dan darán, dicen las campanas.
El cestero que hace un cesto, hace ciento.
El marido celoso nunca tiene reposo.
Me traen por la calle de la amargura.
Más pija que el Don Bosco.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
Quién quisiere vivir sano, coma poco y cene temprano.
Buena es la linde entre hermanos.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
Casa mía, casa mía, por pequeña que tú seas me parece una abadía.