Es cualquier baba de perico.
Ladrón de casa, todo lo arrasa.
Casa sin mujer no es lo que debe ser.
El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
Al santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada.
San Lorenzo calura, San Vicente friura, uno y otro poco dura.
La mujer que poco vela, tarde hace luenga tela.
Boda, en igualdad, hasta en la edad.
La muerte, al pobre no se atreve.
Pan es pan, jalea es jalea, no hay amor sin una pelea.
Buena cuenta es toma y daca, y todas las demás, caca.
La abeja de todas las flores se aprovecha.
La mujer poco entendida, se casa sin tomar medidas.
El hombre gana la plata y la mujer la desbarata.
Qué bien canta María después de la comida.
Amor que no se atreve, desprécianlo las mujeres.
Para una mujer enamorada amar demasiado es no amar suficiente
Feliz es la muerte que antes que la llame viene.
Dime matagatos, que he matado un gato.
Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.
A heredad vieja, heredero nuevo.
Nada se adelanta con desesperarse, sino el criar mala sangre.
Pan de días dos, vino de años tres, y Venus, cada mes.
Palabra suave llegar al alma sabe.
La mujer y la cartera, cuanto más pequeña más fea.
La práctica hace al maestro.
Pan que sobre, carne que baste y vino que falte.
La que de treinta no sacó novio, tenga el humor del demonio.
A espaldas vueltas, memorias muertas.
Sol de invierno y amor de puta, poco dura.
A por uno voy, dos vengais, si venís tres, no os caigáis.
El fraile, la horca en el aire.
Mojarse el potito.
Agua esperé y tarde sembré, sabe Dios lo que recogeré.
Hierba mala nunca muere.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Quien bebe recio, apura media azumbre en el almuerzo; y si un poco se descuida, otra media en la comida.
Riña de amantes, agua referescante.
Los hijos de los buenos, capa son de duelo.
Favor con favor se paga
A puerta cerrada el diablo se vuelve.
Cuando Dios se hizo hombre, ya el diablo se había hecho mujer.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
Harto desatina quien a los sesenta años no adivina.
De fuera venga quien la tea nos tenga.
De baldón de señor, o de marido, nunca zaherido.