Bien reza, pero mal ofrece.
Cada cual decía del amor que tenía.
Vive como un caballero, y moriras como un señor.
Manos blancas no ofenden.
El lechón que siendo lechón no lo matan, muere marrano.
La letra con sangre entra, y la labor con dolor.
Más discurre un hambriento que cien letrados.
Comida que escasea, bien se saborea.
Orejas curiosas, noticias dolorosas.
Tranquilidad viene de tranca.
No canta mal las rancheras.
Ida por ida, ir por ir, más vale a la taberna que a la botica.
El ahorro es santo porque hace milagros.
La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente.
No vacíes tu vientre a todo el mundo ni dañes la consideración que de ti tienen.
A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.
Amor nunca dice basta.
El que quiere mentir, alarga los testigos.
Por San Eugenio, castañas al fuego.
La pobreza no es vileza, mas es rama de la pereza.
Culillo de mal asiento, no se está quieto un momento.
Una visita larga, ¿a quien no carga?.
El que no agradece, al diablo se parece.
A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
El rocín, para polvo; la mula, para lodo; el mulo, para todo.
Es engaño triste y vano, consolarse con la mano.
Quien predica en desierto pierde el sermón, y quien lava la cabeza del asno pierde el jabón.
Más se junta pidiendo que dando.
La mujer finge más que miente; el hombre miente más que finge.
Por San Mateo, tanto veo como no veo.
Pan que sobre, carne que baste y vino que falte.
Riñen los amantes y quiérense más que antes.
Beber, hasta la hez.
Tú que mientes, ¿qué dijiste para mientes?.
Hay amores que matan.
Insinuación de rey, como si fuera ley.
Dar limosna no aligera la bolsa
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
La belleza passa, la sabiduría permanece.
Esto es pan comido.
Buena madera, buen oficial espera.
Amigo beneficiado, enemigo declarado.
Chivo que se devuelve se esnuca.
Las cadenas de la esclavitud atan solo las manos
El trabajo es la ley y a todos agita.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
En bote pequeño la buena mermelada.
Cada uno extienda la pata hasta donde llegue la sábana.
A por ellos, que son pocos y cobardes.