Mala para quien calla y peor para quien habla.
Padre millonario y trabajador, hijo vago y malgastador.
Te paso la pala diego
Leerle a uno la cartilla.
La primera señora, la segunda escoba.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
El mundo es un mercado, o serás ladrón o serás robado.
Uno no se mea porque el baño esté lejos, sino porque no sale con tiempo.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.
El vago trabaja más por evitar el trabajo.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
Caminito comenzado, es medio andado.
A buena suela, mala pieza.
La tórtola ocupa el nido de la urraca.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Al hombre por el verbo y al toro por el cuerno.
Echa bien tus cuentas, para que después no te arrepientas.
Tarde piaste pajarito.
De cualquier nube sale un chubasco.
El deber y no pagar es tan antiguo como el mear.
Sigue los impulsos de tu corazón
Si te sientas en el camino, ponte de frente a lo que aún has de andar y de espaldas a lo ya andado.
La fe no tiene miedo.
Antes queda dispuesta una embarcación que una mujer que se dispone a salir.
Fiebres otoñales, largas o mortales.
¿El azar? Pero si es Dios de incógnito
El mandar no admite par.
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
Más vale dar que la carga llevar.
Pascuas marzales, hambre y enfermedades.
Colgar una cabeza de cordero y vender carne de perro.
A bien obrar, bien pagar.
El que necesita, te visita.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
De tal palo tal astilla.
Si en Abril hay lodo, no se perderá todo.
Buen amigo y compañero es el que no nos pide dinero.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
Dame consejos sanos y dinero para ejecutarlos.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
El más avisado cae.
Tras buen soplo, buen sorbo.
El muerto delante y la griteria atrás.
La mujer en casa y con la pata quebrada.
Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.
Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.