Ajo hervido, ajo perdido.
Lo que hoy parece, mañana perece.
Como se vive, se muere.
Bien sabe lo que dice el que pan pide.
Mano de hierro en guante de seda.
Hombre es hombre y al "contao", da su bote y cae "parao".
La labor de Enero no la cambies por dinero.
Se conoce la cara de una persona, pero no su corazón.
Queriendo hacerlo mejor, a veces estropeamos lo que está bien hecho.
Muchos saben cómo adular, pero pocos entienden cómo alabar.
Al mal tiempo, buen paraguas.
Todos llevamos una cruz colgada; unos suave y otros pesada.
Es agua derramada.
Dicen que el hombre no es hombre hasta que no oye su nombre de labios de una mujer.
Aprieta el pan que se te cae la magra.
Nunca bailes en una barca pequeña.
Ayer entró en la iglesia, y hoy se quiere alzar con toda ella.
Las grandes cargas están hechas de pequeños puñados.
Aceite, hierro y sal, mercaduría real.
Donde buena olla se quiebra, buena cobertera queda.
Saben cómo ejecutar, pero no saben cómo ocultar.
La mujer que no dice que sí, no vale un maravedí.
No hay tan buen compañero como el dinero.
Ni es carne, ni es pecado.
Mas pronto cae un hablador, que un cojo.
A tu amigo dile la mentira, si te guarda paridad, dile la verdad.
Pocos llevan al santo y muchos lo arrastran.
Hacer castillos en el aire.
Amor grande vence mil dificultades.
Ausentes y fallecidos, ni éstos bien amados, ni aquellos bien venidos.
Entre San Pedro y San Juan, las hierbas olores dan.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
El que quiere, va; el que no quiere, envía.
Cuenta y razón conserva amistad.
Hija que se casa, la casa paterna arrasa.
No te metas donde salir no puedas.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido.
Arco en el cielo, agua en el suelo.
El camino del Señor es refugio de los justos y ruina de los malhechores.
No hay peor esfuerzo que el que no se hace.
La hija paridera, y la madre, cobertera.
El dinero ayuda a sopotar la pobreza.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
Ya acaecido el hecho, llega tarde el consejo.
No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.
Toda alegría está destinada al que tiene el corazón contento: para quien lleva siempre sombrero el cielo está lleno de sombra
Perfecto solo Dios.
El ama brava, es llave de su casa.
A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.
Refranes de los abuelos, breve evangelio.