Todo es todo, todo es nada, nada es todo, nada es nada.
Todos los hijos de puta tienen suerte.
Zun de noche, se sube a un coche
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
Vino mezclado, vino endiablado.
Hay desgracias con suerte.
Lo barato es caro y lo caro es barato.
Todo cojo le echa la culpa al empedrado
Casa con azotea, ladrón la asalta.
¡Quien sabe cuántos enemigos tienes en torno a la mesa!.
Golpear la cabeza contra un muro de ladrillos
Vámonos muriendo todos que están enterrando de gorra.
Consejos a viejas y pláticas a gitanos, trabajos vanos.
Malo es no podar pero peor es desmochar.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
Poco a poco se anda lejos.
El que se quemo con leche hasta las cuajadas sopla.
La glotonería acaba con muchos.
Cuando se reúnen los aduladores, el demonio sale a comer.
El que no tiene vergüenza, toda la calle es suya.
La mujer rogada y la olla reposada.
Clérigos, frailes y pardales, son malas aves.
Cada gusto cuesta un susto.
De mala sangre, malas morcillas.
A gordo mendigo pocos dan zatico.
Dos capitanes hunden el barco.
No te mofes de los viejos, que de ellos no estamos lejos.
Cuando menos lo piensa el guapo, le sale la jaca jaco.
Al que le pique, que se rasque.
El burro adelante y la carga atrás.
Viento, mujer y fortuna, mudables como la luna.
Todo en exceso hace daño.
En San Antonio, la vieja tiró el carrete al fuego.
Fortuna gira sobre una rueda, que nunca está queda.
Ser un mordedor de pilares
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
El que ama el peligro, en él perece.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
A barco nuevo, capitán viejo.
Cada pez en su agua.
Entre mil consideraciones de un tonto, debe haber una aceptable.
Hormigas con ala tierra mojada.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
En cada casa, un solo amo.
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
La mula y la mujer son malos de conocer.
A rocín de halconero, mal le medra el pelo.