De los olores, el pan; de los sabores, la sal.
Como la espada, así la vaina.
La lengua es el azote del culo.
A todo coche, le llega su sábado.
La mujer del viejo, relumbra como el espejo.
Hay que dar tiempo al tiempo.
Lo que bien se aprende, nunca se pierde.
A la iglesia de Dios ni darle ni quitarle.
Lo que deprisa se hace, despacio se llora.
El caracol donde nace, pace.
Dios no se queja, mas lo suyo no lo deja.
Es más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la humanidad
Empieza a cuidar la naturaleza y la naturaleza cuidará de ti.
El pensamiento anda siempre de viaje, ni peaje, barcaje ni hospedaje.
Lo mucho se gasta, y lo poco basta.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.
El aprendizaje cuesta caro, y siempre se paga.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
Lo que no acaece en un año, acaece en un rato.
Agua esperé y tarde sembré, sabe Dios lo que recogeré.
La luna camina despacio pero atraviesa el mundo.
En la prueba está la solución. Si Dios te da limones, haz limonada.
Jugar y nunca perder, no puede ser.
Más honor que honores.
El hijo muerto, y el apio al huerto.
La verdad es a veces amarga de tragar. Pero, como toda buena medicina, hay que tomarla.
A nadie le parece poco lo que da, ni mucho lo que tiene.
La largueza y altruismo empiezan por uno mismo.
Las grandes palabras y la tela nueva siempre encogen.
Pa' chulo yo y pa' puta mi mujer.
Virgo viejo, puta segura.
La mujer y la vaca, con día para casa.
Nuestras buenas y nuestras malas acciones nos siguen casi como una sombra.
Hasta la salud necesita descanso.
Más vale dejar en muerte a un pillo un duro, que pedir en vida una peseta a un hombre de bien.
El que no arriesga, no pasa el río.
Mejor ir tarde al destino, que rodarse en el camino.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
Comer a dos carrillos, como monja boba.
Muchos vi morir de hart y Ninguno de flat.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
A la puta, el hijo la saca de duda.
La única felicidad consiste en la espera de la felicidad
Cuentas viejas líos y quejas.
Hacer una montaña de un grano de arena.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
La necesidad es la madre de la imaginación.
Ni el tiempo ni la marea esperan por nadie.
El momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.