La mujer y la gallina, pequeñina.
Los ojos son el espejo del alma.
El más cruel fastidio, no vale un suicidio.
El vino y la mujer se burlan del saber.
La medicina cura, la naturaleza sana.
Muchos que viven cantando, mueren llorar.
O con el mundo o con Dios; pero no a la par los dos.
Pasar de largo te conviene en lo que ni te va ni te viene.
El rostro es el espejo del alma.
Mujer mayor, es la mejor.
Alábate, mierda, que el río te lleva.
La casa, la mujer la hace o deshace.
La verdad siempre sale a flote.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
El corazón en Dios y la mano donde se pueda.
Hombre de espíritu enclenque, donde nace allí muere.
La mujer, el huerto y el molino, requieren uso continuo.
Ay del que muere, que el vivo enseguida se apaña con lo que puede.
El que a otro quitó la vida, la suya juzga perdida.
El que trabajando se hizo rico, vivió pobre y murió rico.
A la muerte, no hay cosa fuerte.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
Cada cosa nace para su semejante.
Al enfermo que es de vida, el agua es medicina.
La sangre, pesa más que el agua.
Frutos y amores, los primeros son los mejores.
Pocas palabra y muchos hechos.
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
Por mi dinero entro y salgo, luzco y valgo.
Más valioso que el dinero, es un sabio consejero.
Amor de corneta, de diana a retreta.
Juramento, juro y miento.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
A enfermedad ignorada, pocas medicinas y a estudiarla.
En esta vida caduca, el que no trabaja no manduca.
El amor lo perdona todo.
La ira es locura el tiempo que dura.
A cada día bástale su maestría, y a cada momento, su pensamiento.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
La liebre y la puta, en la senda la busca.
Al viejo que se casa con mujer hermosa, o pronto el cuerno o pronto la losa.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
La razón y el agua hasta donde dan.
Amor de monja y pedo de fraile, todo es aire.
Amor de putas y fuego de virutas, luce mucho y poco dura.
Nadie da sino lo que tiene.
La verdad es como la rosa, siempre tiene espinas.
Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni ninguno se vaya ni se muera; que de idos y muertos nadie se acuerda.