El amor y el niño, donde les muestran cariño.
Ocurre en las mejores familias.
Con albarcas y sin afeitar, de Gumiel de Izán.
El que tenga un hijo majadero, que lo ponga campanero.
Clérigo viajero, ni mísero, ni misero.
Quien hizo una...hace dos
El que no habla, no yerre.
La dama de doce años que no tiene novio, pele la pava con el demonio.
Arandino, borracho fino.
El que tiene las lagrimas hondas, que empiece llorar temprano.
Dos bueyes machos no viven en una misma cueva.
El que duerme con niños amanece mojado.
Hombre chiquitín, bailarín y mentirosín.
Cama de novios no la tienen todos.
Médicos errados, papeles mal guardados y mujeres atrevidas, quitan las vidas.
Saber demasiado es envejecer prematuramente.
La alegría en el alma sana se cría.
El que tiene padrino es el que se bautiza.
En pleitos de hermanos, no metas las manos.
No prediques en desierto, ni machuques hierro yerto.
Ofrecer el oro y el moro.
Ninguno se embriaga del vino de casa.
A fullero, fullero y medio.
Dichosos los ojos que te ven.
Amigo viejo y casa nueva
Quien tenga tiempo que no espere
La crianza aleja la labranza.
Buen oficio es no tener ninguno.
No saber una jota.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.
Tropezando y cayendo, a andar va el niño aprendiendo.
La virtud loada, crece.
Llorando nacen todos, riendo ni uno solo.
La mujer que no se casa, se seca como una pasa.
El sabio siempre quiere aprender; el ignorante siempre quiere enseñar.
Ni pidas a mujer hermosa, y prometas a pobre, ni debas a rico.
Con ese cuello la jirafa, y un poquitito de maña, de los retoños más dulces, bien que se apaña.
Hombre de voz hueca, sesera vacía o seca.
Aguja, sastre y dedal, os darán por medio real.
Mi mama me manda a mi y yo mando a mis hermanitos.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
El niño llorón y la china que lo pellizca.
Los dioses ayudan al que trabaja
Acércate a los buenos, y serás uno de ellos.
Unos mueren para que otros hereden.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Quien no se arriesga no conquista
Confianza en Dios, y poquita, decía una viejita.
A hijo malo, pan y palo.
A los tuyos, con razón o sin ella.