Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.
La pobreza no es vicio; pero es un inconveniente.
Solo no da traspiés el que no tiene pies.
El avariento nunca está contento.
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
La envidia y las fiebres matan al que las padece.
Errar es humano, perdonar es de sabios.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
Humildad y paciencia, ambas van por una senda.
Hijo de viuda, o mal criado, o mal acostumbrado.
Locura es no guardar lo que cuesta sudores ganar.
A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
Hay confianzas que dan asco.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
De lejanas regiones, mentiras a montones.
A las burlas, así ve a ellas que no te salgan veras.
Cada uno se apaña según tiene maña.
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
Es amigo, o enemigo, o mal criado, quien sube sin llamar desde abajo.
La envidia y la ira solo consiguen acortar la vida.
Donde tiene el tesoro el avariento, tiene el entendimiento.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
Claridad, y no en el caldo.
A borracho o mujeriego, no des a guardar dinero.
Ni perro sin pulgas, ni pueblo sin putas.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Afición que más daña que aprovecha, enseguida se desecha.
Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
Cada cual sabe lo que carga su costal.
Ni bebas agua que no veas, ni firmes carta que no leas.
El hombre no sabe para quien trabaja, y la mujer para quien lo tiene.
Acoge lo provechoso y no admitas lo dañoso.
Enemigos grandes: vergüenza y hambres.
Es engaño triste y vano, consolarse con la mano.
No dar ni recibir, sin escribir.
No tientes al diablo que lo veras venir.
Lleno es de bondad, quien nunca llegó a envidiar.
Quien no hace nada cuando puede, tampoco lo hace cuando quiere.
Alegría amagada, candela apagada.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
Mal acierta quien solo el interés se lleva.
Mal de muchos, consuelo de tontos.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
No se hablar, y me mandas predicar.
El borracho, de nada tiene empacho.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
La misma virtud no escapa a los golpes calumniosos.
Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.
No se nace caballero: hay que saber serlo.