Quien mal se casa, pronto vuelve a casa.
Lo hermoso agrada y lo feo enfada.
Tu desnudo y yo sin bragas, algo me hagas.
Trabajar el campo es duro, pero más dura es el hambre.
Cuídate/líbrate del agua mansa que de la brava me cuido/libro yo.
A la que te criaste, te quedaste.
Da vino por vino y pan por pan, y todos te entenderán.
Muchos componedores descomponen la novia.
El ocio no quede impune; quien no trabaje, que ayune.
Más tiran nalgas en lecho que bueyes en barbecho.
La más cómoda herramienta, al perezoso le asienta.
Ni tan adentro del horno que te quemes, ni tan afuera que te hieles.
Malo es callar cuando conviene hablar.
Escoba nueva, barre bien.
En Agosto, prepara la tinaja para el mosto.
Hay que tomar el toro por las astas.
Padres viejos, hijos huérfanos.
Hasta el mosquito tiene su corazoncito.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
Comprar y vender, buen camino para enriquecer.
En Octubre no le toques a tu mujer la ubre.
Cuando un tonto va cuesta abajo, déjalo que su camino lleva.
Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos.
En el medio está la virtud.
Aguja que doble, para sastre pobre.
Por el interés, hasta lo feo hermoso es.
Mal reposa la vida dudosa.
Junto al camino, no pasa de agraz el racimo.
A buen puerto vas por agua.
Antes con buenos hurtar que con malos rezar.
Riña de amantes, agua referescante.
Espera debajo al que está arriba, caerá.
Dios aprieta pero no ahoga.
Las penas, o acaban, o se acaban.
A donde acaba el novio, empieza el marido.
Caballo hermoso, de potro sarnoso.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Aquí hay mucho cacique y poco indio.
La suerte de la fea, la bella la desea.
Quitar la leña debajo de la caldera.
Hijo de tigre: tigrillo.
La suerte de la fea, la bonita la quisiera.
Lo que sea que suene.
Buscarle cinco pies al gato.
Más vale callar que con borrico hablar.
Pájaro que huye, no hace daño.
Aquel que guarda siempre tiene.
A quien bien te quiere, visítale poco, para que te desee.
No alabes el día hasta que haya llegado la tarde; no alabes a una mujer hasta su pira; no alabes una espada hasta haberla probado; no alabes a una doncella hasta que se haya casado; no alabes el hielo hasta haberlo cruzado; no alabes la cerveza hasta haberla bebido.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.