Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
El que es sabio nunca enceguece.
Foso y vallado, buen cercado.
Como la moza del abad, que no cuece y tiene pan.
Estornudos y frailes, salen a pares.
Nadie da lo que no ha.
Camino robado, al otro día, sin gente.
Nunca falta quien te dé un duro, cuando no estas en apuros.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
El dinero del mezquino anda dos veces el camino.
Matad el hambre, y no deis lugar que la hartura os mate.
Ni perro sin pulgas, ni pueblo sin putas.
Para el peor rey, el mejor profeta. Para el peor pecado, el mejor mensaje.
Puta me veas y tú que lo seas.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
En Febrero busca la sombra el perro.
Si te cansas de un amigo, préstale dinero.
Envidia me tengan y no me compadezcan.
Cuando toma cuerpo el diablo, se disfraza de fraile o de abogado.
Muchas veces el que escarba lo que no querria entrada.
Un médico cura, dos dudan y tres, muerte segura.
Calumnia, que algo queda.
Sal derramada, quimera armada.
Hablando se entiende la gente.
Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.
Mal te quiere quien siempre te alaba y nunca te reprende.
Ceño y enseño de mal hijo hace bueno.
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
Lo poco bueno que tiene un hombre lo palparas en un solo día: toda su maldad oculta no la conocerás ni en cien años.
Cuatro ojos ven más que dos.
El cestero que hace un cesto, hace ciento.
La mentira anda con muletas, y la verdad sin ellas.
Pan, pan; muchos lo toman y pocos lo dan.
Mentiroso sin memoria, pierde el hilo de la historia.
Chimenea acabada, a los tres días ahumada.
Una y no más Santo Tomás.
Al que mintió una vez, nunca se le creyó.
Honra merece el que a los suyos se parece.
El buen pan se hace con trigo, y con franqueza el amigo.
Solo borracho o dormido se me olvida lo jodido.
La viuda que se arrebola, por mi fe que no duerme sola.
No me dijeron perro, pero me tiraron el hueso.
Quitáronle a la tuerta, y diéronlo a la ciega.
Caballo que no sale del establo, siempre relincha.
A quien se casa con viuda, ya no le queda la duda.
Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo.
Con amigos de esa clase, ¿para qué quiero enemigos?.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
El que mal anda, mal acaba.
Bien y pronto, solo lo intenta algún tonto.