El que a la tienda va y viene, dos casas mantiene.
Por mi dinero entro y salgo, luzco y valgo.
Humo de hogar no empaña el cielo.
Picha española no mea sola.
Di mentira, y sacarás verdad.
Donde hay orden, hay bendición.
Es viejo, pero no pendejo.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
Hay que hacer de tripas corazones.
De las aves, la perdiz, y de las mujeres Beatriz.
Amor y muerte, nada más fuerte.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.
Cuando sea monja te regalaré un higo, dijo un amigo a otro amigo.
Muchas veces los amos son los mayores sirvientes en la casa.
Quien un día fue picado por la vibora, siente temor a una soga enroscada durante diez años.
Los pájaros, tirándole a las escopetas.
El amor es ciego, pero el casamiento encuentra la cura.
Estornudos y frailes, salen a pares.
No importa que en el valle haya sombras, si en la montaña brilla el sol.
No hay caldo que no se enfríe.
Más que mil palabras inútiles, vale una sola que otorgue paz.
Gota a gota, la mar se agota.
En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.
Averiguelo, Vargas.
La mejor felicidad, es la conformidad.
Por los santos, la nieve el los altos y el frío en los campos.
A bien obrar, bien pagar.
El que bien huele, mal hiede.
El mundo está vuelto al revés
La barca pasa, la orilla queda
Ricos, pobres, flacos, gordos, todos mordemos el polvo.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
El que afloja tiene de indio.
El que trabajando se hizo rico, vivió pobre y murió rico.
El pobre puede morir; lo que no puede es estar enfermo.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
Da mucho si tienes mucho, poco si tienes poco, porque la limosna rescata los pecados.
En cosas de su provecho, hasta el más tonto es cuerdo.
Madre para parir y no para criar, no es madre de verdad.
El que rompe, paga.
Si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo.
Esa es la gracia del buen escribano, escribir bien con mala pluma y papel malo.
Conoce a tu adversario y conócete a ti mismo, y vencerás en cien batallas.
Cuando una puerta se cierra, otra suele abrir la fortuna.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
Ni boda sin canto, ni mortuorio sin llanto.
Noche toledana. (Irse de farra).
Un hombre es juzgado cuanto a su trabajo.
El que juega con fuego, se quema.
Quien se casa, casa quiere.