No pidas una carga ligera, sino un espalda fuerte.
A la prima se le arrima y a la hermana con más ganas.
Bien la muerte aguarda, quien vive como Dios manda.
Llevando y trayendo se pasa el tiempo.
Esa muchacha caraja, no presta el hacha ni raja.
¿El azar? Pero si es Dios de incógnito
Acá o allá mira siempre con quien vas.
La muerte hace reflexionar.
No saber qué hacer con las manos y los pies.
El que de treinta no sabe y de cuarenta no tiene, no lo aguarde si no es que herede.
Quien gasta y no gana, ¿de qué comerá mañana?.
Zurcir y remendar y mejores tiempos esperar; y si no vinieren, será lo que Dios quisiere.
A quien te quiere merendar, almuérzatelo.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
El mozo bellaco, tres barbas o cuatro.
¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Si no sabes a donde vas, regresa para saber de donde vienes.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Lo que vale la pena hacerse, vale la pena hacerlo bien.
Saco de yerno, nunca es lleno.
Del mal que hicieres no tengas testigo, aunque sea tu amigo.
La mujer el pan amasa y el viejo mande en casa.
Compra de quien heredó, no compres de quien compró.
Hay quien no ve su camino.
Toma a un hombre sabio para aprender de sus errores, pero a uno más sabio que aprenda de los errores de otros.
Pegue una aguja y se perfore (para ver cómo lastima) antes que usted perfore en otros.
Amistad de boquilla, no vale una cerilla.
El hijo borde y la mula cada día se mudan.
En casa de viejo: no faltará un buen consejo.
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano.
No hay dos sin tres.
Si bien hicieres, sea mientras vivieres.
De sabios es cambiar de parecer.
La experiencia es a veces dolencia.
Piensa la araña que todos son de su maña.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Saber elegir buena mujer, es mucho saber; pero sin mucho examen, no puede ser.
Llena o vacía, casa que sea mía.
Donde está la aguja está el dedal.
A la arrogancia en el pedir, la virtud del no dar.
Sin tacha ninguna, no hay mujer ni mula.
Detenerse después de probar un poco algo.
El que fía lo que tiene, a velar se queda.
Repicar y andar en la procesión implica contradicción.
Favores harás, y te arrepentirás.
Ni fía ni porfía, ni entres en cofradía.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.