No hay plazo que llegue, ni deuda que no se pague.
Amanecerá y veremos.
Buena muerte es buena suerte.
Despacio al pensar y pronto al ejecutar.
Niña, no te desesperes, que el que ha de ser para tu, ni se casa ni se muere.
Cada uno dice quién es.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Necio que calla por sabio que pasa.
La mujer holgazana, solo el sábado se afana.
El viejo pone la viña y el mozo la vendimia.
Con la muerte todo se acaba.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
En el corro mucha fiesta y en el refectorio feria texta.
Navarro, ni de barro
Ayer entró rogando y hoy entra mandando.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.
De todas maneras, aguaderas.
A puerta cerrada el diablo se vuelve.
El que a Cristo se mete termina crucificado.
Cada uno con su humo.
La vida pende de un hilo.
Hablara yo para mañana.
Buenas cuentas, conservan amistades.
Hay que darle el beneficio de la duda.
En este mundo estupendo, todo es dando y recibiendo.
Al saber lo llaman suerte.
No saber una jota.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
Del necio, a veces, buen consejo.
Aquel que guarda siempre tiene.
Entre bodas, fiestas y meriendas, ¿quién cuidará tu hacienda?.
Callado mata conejo.
Obra acabada, a dios agrada.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Mal haya el vientre que del bien recibido no le viene miente.
Al aprendiz sin pelo, jodelo.
La sardina y el huevo a dedo.
El movimiento vence al frío, la inmovilidad vence al calor
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
De usar y abusar, hay el canto de un real.
Nunca prometas con lo que cumplir no cuentas.
Date a placer, Miguelejo; morirás de viejo.
De amigo reconciliado y de fraile colorado, guárdate con cuidado.
¡Qué alegre son el del bolsón!.
Ocasión y naipes, a todos hacen iguales.
Recio llama a la puerta el que trae mala nueva.
La caza y los negocios quieren porfía.
Quien tiene candela, jamás se congela.
El que bien reparte, se lleva la mejor parte.