El que tal ha padecido, ése se compadece del doliente y del herido.
Quien picha lejos y pede fuerte no tiene miedo a la muerte.
Más vale amenaza de necio, que abrazo de traidor.
Pecado callado, medio perdonado.
Orden y contraorden, desorden.
A chico caudal, mala ganancia.
Da consejos a todos, pero no seas fiador de nadie.
Las mujeres y el vino hacen errar el camino.
La salud no es conocida hasta que es perdida.
El que temprano se moja tiempo tiene de secarce.
Bodas largas, barajas nuevas.
Mal ganado es de guardar doncellas y mozas para casar.
La mujer y la gallina, por la pluma se adivina.
El que está a las duras, está a las maduras.
O crudo o asado por el fuego ha pasado.
Al ingrato con la punta del zapato.
Lo que mece la cuna, hasta la muerte dura.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
Si vences la desesperación vencerás otras batallas
El beber es el placer, y el pagar es el pesar.
El que siembra odio, cosecha tempestades.
El que apura su vida, apura su muerte.
El labrador siempre está llorando, o por duro o por blando.
Todo en exceso hace daño.
Padre menguado quien de unos hijos hace hijos y de otros entenados.
Para que te miren bien, nunca mires con desdén.
Con amigos de esa clase, ¿para qué quiero enemigos?.
Dar con la puerta en la cara.
A lo que puedas solo no esperes a otro.
Bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada.
Cántaro roto, no sufre más remiendo que comprar otro.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
No hay mudanza que pueda bien hacerse sin dosis buena de templanza.
Pluma a pluma se queda el gallo sin ninguna.
A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
Antes de que te cases, mira bien lo que haces.
Quien viste de harapos en un país donde todos van desnudos, será tomado por loco.
Los extremos se tocan.
No hay medicina para el miedo.
No todo el que llora, de pena llora.
Una vez se nace, una vez se muere y una vez se quiere.
El pasaro que canta en el tiempo incorrecto es muerto.
No rías tanto; que la mucha risa acaba en llanto.
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
Hasta el "vivo" más ufano, cae a veces de marrano.
Oír campanas y no saber dónde.
El hombre propone, Dios dispone y el diablo descompone.
El que presta su caballo para garrochar, y a su mujer para bailar, nada tiene que reclamar.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
El que está en el lodo querría meter a otro.