A la muerte ni temerla ni buscarla, hay que esperarla.
A caballo ajeno, espuelas propias.
La madre y el delantal, tapan mucho mal.
¡Ay de la casa donde no se hila!.
A la vejez aladares de pez.
Madre acuciosa, hija vagarosa.
A la fortuna, por los cuernos.
Favorece a quien te ayudó y olvida al que se negó.
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
De lejos llegaran, y de casa nos echaran.
Dichosos aquellos cuyos errores cubre la tierra.
Quien te acaricia más de lo que suele, o te ha engañado o engañarte quiere
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
Campo abandonado, fuego proclamado.
Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
Que la haga el que la deshizo.
El placer puede fundarse en la ilusión, pero la felicidad reposa sobre la verdad
Cuando alguien tiene un vicio, o se caga en la puerta o se caga en el quicio.
Más fea que un carro por debajo.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
Desdichas y caminos hacen amigos.
Quien da lo que tiene, a pedir se queda.
El que no cae no se levanta.
Huéspedes vendrán que de casa nos echarán.
La burra no era arisca pero la hicieron.
Don Din nunca parece ruin.
Más necio es que necio el necio que quiere pasar por sabio.
Impedir lo que ha de ser, no puede ser.
Boda buena, boda mala, el martes en tu casa.
Rey determinado no ha menester consejo.
Al mal amor, puñaladas.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
La malicia hace sucias las cosas limpias.
El asunto de la jodienda no tiene enmienda.
La primera impresión es la que cuenta.
No dejar títere con cabeza.
No sabe lo que se pierde quien no bebe con lo verde.
Rostro lleva al lecho, que no el culo bien hecho.
La peor vejez es la del espíritu.
Quien come aprisa, come mal.
Cabra que no da leche, y cuando da la tira.
Naipes, mujeres y vino, mal camino.
La conciencia es cobarde y la culpa que no tiene fuerza para impedir rara vez es lo suficientemente justa como para acusar
Al roble no le dobles.
Baje la novia la cabeza y cabrá por la puerta de la iglesia.
Ni hombre tiple, ni mujer bajón.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
Quien ya muerto el burro pienso le echó, tarde acordó.
El deudor no se muera, que la deuda en pie se queda.
Los hombres envejecen cuando sus lamentos reemplazan a sus sueños.