Un amigo trabaja a la luz del sol, un enemigo en la oscuridad.
Nadie es mejor que nadie.
El enamorado que no es pulido, luego es aborrecido.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
Buen pedidor, mal dador.
Holgad tenazas; que muerto es el herrero.
Debo, no niego; pago, no tengo.
Nunca para el bien es tarde.
El que un bien gozar espera, cuando espera, desespera.
Por San Blas, el besugo atrás.
A la larga, todo se arregla.
Si Dios hizo la abeja, hizo la avispa el diablo.
El que es pendejo ni de dios goza.
Más vale guerra abierta que paz fingida.
Buen Dios, guárdame de los malos amigos y yo me guardaré de los enemigos
Cada uno trate de su oficio y deje el del vecino.
Bebo lo tinto y meo lo claro.
Quien a otro ha de matar, antes ha de madrugar.
Amistad, con todos; confianza, con pocos.
Haga lo que dice su profesor pero no el qué él hace.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
Ron, ron; tras la capa te andan.
A cada cual se le levantan los pajarillos en su muladar.
Zapateador que bien zapatea, bien se menea.
Bastante me ayuda quien no me estorba.
De mujer que es madre, nadie nunca mal hable.
La capa del diablo, lo que por un lado tapa, por otro destapa.
Si te peleas con un deshollinador, saldrás negro.
El ojo quiere su parte
La adulación procura amigos, la verdad genera odio
El avaro desollaría a un piojo para obtener su piel.
Abajo está lo bueno, dice la colmena al colmenero.
El vivo se embriaga; y el pendejo paga.
Melón es el casamiento, que solo lo cata el tiempo.
Quien de mucho mal es ducho, poco bien le basta.
Carrera que no da el caballo, en el cuerpo la tiene.
Campo abandonado, fuego proclamado.
Duro como teletubbie en alfombra de velcro.
La democracia también genera hombres deshonestos
La fuerza vence, la razón convence.
También los secretarios echan borrones.
A buen bocado, buen grito.
Marido, comprad vino; que no lino.
Guarniciones y crin dan venta al rocín.
Cuando el burro mueve oreja, guárdate bajo teja.
El salario del justo es la vida; la ganancia del malvado es el pecado.
Carta echada, no puede ser retirada.
Guardado está lo que guarda Dios; pero lo demás, no.
Más debes guardarte de la envidia de un amigo, que de la emboscada de un enemigo.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.