Al que no quiera caldo, siete tazas.
Recoge el heno mientras el sol brilla.
Señores lo dan y siervos lo lloran.
De ninguno seas muy compañero.
Caldo de gallina y precaución no hicieron jamás daño a hombre ni varón.
Al calvo pelón como al niño cagón.
Vale más un fiero león delante de uno que un perro traidor detrás.
Cuando la Candelaria plora, el invierno fora. Y si no plora, ni dentro ni fora.
Quien a uno castiga a ciento hostiga.
Los necios y los salmones siempre nadan contra la corriente.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
La campana te saluda al nacer, y te acompaña al cementerio
Mientras la viuda llora, otros cantan en la boda.
Come, que de lo yuyo comes.
Cuando llueve en San Canuto, tres meses justos.
A barriga llena, corazón contento.
Por carne, vino y pan, deja cuantos manjares han.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
Hay más refranes que panes.
Hablar hasta por los codos.
Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano.
Ni arroz pasado, ni guiso ahumado.
Con persona de pelo panojo, mucho ojo.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
Ni fía ni porfía, ni entres en cofradía.
A los años mil, vuelve la liebre a su cubil.
Buen vino tras buen caldo, no tengo bastante boca para alabarlo.
Hasta las hienas quieren a sus hijos.
El agua tiene babosas.
Todo mono sabe en que palo trepa.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
El que nace capacho, muere serón.
Aquí morirá Sansón y cuantos con él son.
De vaca vieja, novilla brava.
Vino en jarro quiero; que no me sindiquen lo que bebo.
Si el cuquillo no ha venido el 25 de abril, o se ha muerto, o lo han matado, o es que no quiere venir.
Zamarras y sermones no son para el tiempo de calores.
Es mucho arroz para este pollo.
Cuando árbol cae, los monos se dispersan.
Dichosos los ojos que te ven.
Hombre refranero, medido y certero.
Fruto vedado el más deseado.
En Noviembre, mata tus cerdos.
A viña vieja, amo nuevo.
Novia sin cepas, novio con quejas.
Olla de tres vuelcos, tres manjares diversos.
Se las sabe por libro
El cuco y el sacristán, juntos de juerga se van.
Entre dos que se quieren con uno que coma basta [y ese que sea yo].
Hacerse el tigre, para que no se lo coman los gatos.