Nadie experimenta en cabeza ajena.
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
Más atrasado está el fulano, que pelotas de marrano.
Badajo alto, campana rota.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Amistad prendida con alfileres, la que se desprende cuando lo quieres.
Dar antes que amagar.
Los sinsabores ajenos, de lejos se sienten menos.
Mejor que sosobre y no que sofalte.
A buen adquiridor, buen expendedor.
Compra con tu dinero, y no con el ajeno.
Al comer, al tajadero, al cargar, al cabestrero.
Partidarios: gente amiga de llenar bolsa y barriga.
Riñen los amantes y se tiran las ligas y los tirantes.
Todos son unos, muertos y difuntos.
Por el interés te quiero Andrés.
Por unos pierden otros.
La India "p'al" indio, como el agua "p'al pescao".
Redondear la arepa.
Si al mediodia el rey dice que es de noche, tú contempla las estrellas.
Aire colado, a muchos ha matado.
Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.
El hombre honrado a las diez acostado.
Quien vive fiando al amigo, estudia para mendigo.
Ojos que los vieron ir, no los verán volver.
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
Lo hermoso, a todos da gozo.
Te quiero Andrés, por el interés.
Años y desengaños hacen a los hombres huraños.
Atrás viene quien las endereza.
Quien trabaja con afán, pronto ganará su pan.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
Asno de dos, válgale Dios.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
En gran casa, gran gasto se amasa.
La hacienda, el dueño la atienda.
Arroz pasado, arroz tirado.
Angelitos al cielo, y a la panza los buñuelos.
Acelgas bonitas, de día las pencas, de noche las ojitas.
Abad y ballestero, mal para los moros.
Cuatro cosas tenemos en mayor cantidad de lo que creemos: enemigos, deudas, años y pecados.
En casa del gaitero, todos son danzantes.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
Boca con boca se desboca.
Amor de amos, agua en cestos.
Ante el menesteroso, no te muestres dichosos.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Dar palos de ciego.
El que se pica, ajos come.