Erga Arga y Aragón, hacen al Ebro varón.
Ancho de espaldas y estrecho de culo, maricón seguro.
Afeminados espíritus engendra la avaricia.
Hasta los animales se fastidian.
Los caballos blancos y los pendejos, se distinguen desde lejos.
Dichoso Adán que no tuvo suegra.
Bollo de monja, costal de trigo.
Árbol copudo da sombra, aunque no dé fruto.
Las suegras son como las yucas, buenas pero enterradas.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
El que tenga la cola de zacate, que no se acerque a la lumbre.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Los hijos de Mari-Rabadilla, Cada cual con su escudilla.
Al mal circo le crecen los enanos.
San Xoán trae o inferno, e San Andrés o inverno.
Maldición de burro, al cielo no llega; en las vigas de la cuadra se queda.
Hortelano tonto, patata gorda.
En Abril sale la espiga del cascabil.
Burro pelado a trasquilones, a los diez días no se le conoce.
Hay de todo en la viña del Señor.
Porfía mata venado, que no venablo.
Casa de mantener, castillo de defender.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
Por San Martino, mata el pobre su cochino.
El que peca de modesto, es tirado en un cesto.
Para no hacer de marrano, culo en tierra y plata en mano.
Cada abeja vive en su colmena y no se mete en la ajena.
Tiran más dos tetas, que los bueyes de dos carretas.
Hasta los animales cuidan sus crías.
Hijos casados, duelos doblados.
Buscaba el necio su asno y lo llevaba debajo.
Por Santiago y Santa Ana pintan las uvas, y para la Virgen de Agosto ya están maduras.
Por San Miguel se cata la miel.
No se siente el burro mal, libre de enjalma y pretal.
A liebre ida, palos al cubil.
Quien asno nació, asno murió.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
De cuero ajeno, correas largas.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Hacienda de señores, cómenla los administradores.
No se toman truchas a bragas enjutas.
Caballo de andadura poco dura.
Bien haya quien a los suyos se parece.
Un asno no aprecia compota de frutas.
Tras cada pregón, azote.
De caballo overo, ni la crin ni el cuero.
Zurrianme las orejas; reniego de putas viejas.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.